¿Quién fue Jesús?
Cuándo vivió Siglo I, en Galilea y en Judea — nacido al final del reinado de Herodes, muerto bajo Poncio Pilato
En resumen
Jesús de Nazaret fue un judío galileo del siglo I. Los Evangelios narran su nacimiento en Belén, su crianza en Nazaret, el bautismo por Juan en el Jordán, la predicación del reino de Dios, las señales, el conflicto con la dirigencia del Templo, la crucifixión en Jerusalén bajo Poncio Pilato y la resurrección al tercer día.
- Escrito por
- Raphael Navarro Schmitt
- Revisado por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
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Cuatro libros cuentan esta historia, y ninguno de ellos es una biografía en el sentido moderno. Los Evangelios no describen el aspecto de Jesús, no siguen su infancia año por año y no se presentan como registro neutral — el cuarto declara por escrito que fue compuesto para llevar a la fe. Saberlo no rebaja la fuente: permite leerla por lo que es, y así la lee esta página.
Lo que sigue es lo que ocurrió: dónde nació, dónde creció, qué hizo, qué enseñó, con quién se sentó a la mesa, por qué la dirigencia de Jerusalén se volvió contra él y qué empezaron a anunciar los discípulos después. La otra mitad de la pregunta — quién es él — es una confesión, y tiene página propia en este sitio, en "¿Quién fue Jesucristo?", entre las preguntas. Las dos se completan, y el enlace está al final de esta.
El orden seguido aquí es el de los propios Evangelios: Nazaret, el Jordán, Galilea, la subida a Jerusalén.
Nazaret, y su casa
Mateo y Lucas sitúan el nacimiento en Belén de Judea, en días del rey Herodes. Pero el lugar en el que creció, y por el cual se le conoció, es otro: Nazaret, una aldea de Galilea que el Antiguo Testamento no menciona ni una sola vez. La fama del lugar aparece en el cuarto Evangelio, en la primera reacción de Natanael al oír el nombre — y queda registrada sin retoque.
La familia tiene nombres. Su madre se llama María; José aparece como marido de ella y es quien le pone el nombre al niño, lo que en la práctica jurídica de la época lo establecía como padre. Cuando Jesús vuelve a Nazaret ya adulto, los vecinos lo identifican por el parentesco entero: nombran a Jacobo, José, Judas y Simón, y mencionan también hermanas, sin nombrarlas. Cómo se entiende ese parentesco es el punto en que católicos y evangélicos leen de forma distinta, y las dos lecturas están al final de esta página, una al lado de la otra.
Hay también un oficio. Marcos llama al propio Jesús el carpintero; Mateo, en la escena paralela, lo llama hijo del carpintero. La palabra griega que está detrás de ambos versículos designa al artesano de la construcción en general — trabajo de madera y de piedra —, y no solo al ebanista de taller.
Entre la infancia y el Jordán, el texto es escueto. Lucas guarda un episodio de cuando tenía doce años, en Jerusalén, durante la Pascua, y después la vuelta a Nazaret. Del final de aquel capítulo al comienzo de la vida pública, los Evangelios no cuentan nada.
45Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
46Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve.
Felipe presenta a Jesús por origen y por filiación, y lo que recibe de vuelta es una pregunta sobre Nazaret. Fíjese en que el Evangelio conserva la objeción en lugar de cortarla, y la responde con una invitación a ir a ver.
51Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
52Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.
El cierre del único episodio de la infancia que cuenta Lucas. Dos frases para cubrir unos dieciocho años: desciende a Nazaret y crece. El texto no rellena ese intervalo, y su silencio dice bastante más que cualquier relleno posterior.
El Jordán, y el comienzo de la vida pública
Los cuatro Evangelios empiezan la actuación pública de Jesús por el mismo punto: el bautismo administrado por Juan, en el río Jordán. Es un dato poco habitual en un relato de propaganda, porque la escena necesita explicación — y Mateo registra la objeción del propio Juan antes de contarla.
Marcos narra el episodio en tres versículos, sin ambientación: viene de Nazaret de Galilea, es bautizado, y al subir del agua ve abrirse los cielos. Lucas añade la única indicación de edad que el Nuevo Testamento trae sobre ese momento, y la trae con prudencia: como de treinta años.
Después del río viene el desierto, y después del desierto empieza la predicación en Galilea. Marcos resume su contenido en una frase corta, puesta ya en la apertura del libro: el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado.
9Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán.
10Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre él.
11Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.
La escena entera en tres versículos, y vale reparar en el orden: primero la identificación geográfica, seca; luego el bautismo; y solo entonces lo que se abre y la voz. Marcos no explica nada, y esa ausencia de explicación es su estilo de principio a fin.
Qué predicaba
El asunto central de la predicación de Jesús, en los tres primeros Evangelios, no es él mismo: es el reino de Dios. Lo anuncia como algo que se ha acercado, y no como promesa lejana, y en torno a eso se organiza casi todo lo que enseña.
La forma preferida es la parábola. Marcos llega a registrar que sin parábola no hablaba a las multitudes, y que a sus discípulos les declaraba todo en particular — es decir, el formato está elegido, y no es un accidente de estilo. Son historias de campo, de casa, de trabajo y de dinero, dirigidas a quienes vivían de eso.
El contenido tiene una dirección declarada. En la versión de Lucas de las bienaventuranzas, Jesús alza los ojos a los discípulos y habla en segunda persona, sobre los pobres, los que ahora tienen hambre y los que ahora lloran. No es una descripción de virtudes: es una lista de situaciones.
Y está el programa, que Lucas coloca justo al inicio de la actividad pública. En Nazaret, un sábado, Jesús se levanta a leer, recibe el libro de Isaías, lee un pasaje y lo devuelve. Después se sienta — la posición de quien va a enseñar — y dice que aquella Escritura acababa de cumplirse allí. El pasaje está entre los principales, al final de esta página.
33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oir.
34Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.
La observación del narrador sobre el método, y viene con una medida: hablaba conforme a lo que podían oír. Es la clave para leer las parábolas como enseñanza ajustada a quien escucha, y no como enigma.
20Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
La apertura del sermón en la versión de Lucas. Compárela después con la de Mateo: aquí las frases se dicen en segunda persona y sin calificación — los pobres, y no los pobres de espíritu. Las dos versiones existen, y leer ambas es más honesto que elegir una.
La mesa, y quiénes lo acompañaban
Los Evangelios narran curaciones, liberaciones y señales en número grande, y las presentan menos como demostración de poder que como el Reino anunciado empezando a ocurrir. Cuando Juan el Bautista manda preguntar desde la prisión si era él mismo el esperado, la respuesta que recibe es precisamente una lista de lo que estaba sucediendo.
Pero el hábito que más reacción provoca en los textos es otro, y es doméstico: con quién comía. Comer juntos, en aquel contexto, era declarar pertenencia — y Jesús comía con publicanos, gente cuyo oficio implicaba colaborar con la ocupación romana, y con personas públicamente clasificadas como pecadoras. La objeción a eso está registrada en más de un Evangelio, y en Lucas es la frase que abre una secuencia de tres parábolas seguidas.
El grupo que andaba con él también está descrito con más detalle del que suele recordarse. Además de los doce, Lucas nombra a mujeres que viajaban con ellos — María, llamada Magdalena, Juana y Susana — y dice sin rodeos que sostenían al grupo con sus propios bienes. Una de ellas está casada con un administrador de la corte de Herodes, lo que sitúa aquel círculo socialmente mejor que cualquier generalización.
15Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.
16Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores?
17Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores.
La escena y la respuesta. La imagen que elige Jesús es médica, no jurídica: los sanos no tienen necesidad de médico. Fíjese en que no discute la clasificación que han hecho de los que están a la mesa — explica por qué está sentado con ellos.
1Y ACONTECIÓ después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
2Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,
3Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.
Tres versículos con un dato económico que rara vez entra en los resúmenes: quién pagaba las cuentas del grupo. Conviene leer los nombres con atención — Juana es mujer de un procurador de Herodes, lo que pone a la corte y al movimiento en contacto directo.
El conflicto, y por qué creció
La oposición no empieza en Jerusalén ni al final. Ya en el tercer capítulo de Marcos, tras una curación hecha en sábado dentro de una sinagoga, el texto registra que fariseos y herodianos tomaron consejo para matarlo. El motivo declarado es la observancia del sábado, y el trasfondo es la autoridad: enseñaba sin apoyarse en la cadena de autoridades habitual, y los oyentes lo notan desde el primer capítulo.
La tensión sube cuando llega a Jerusalén. En los días previos a la Pascua, Jesús entra en el templo e interrumpe el comercio que funcionaba allí — vuelca las mesas de los cambistas e impide que se atraviese el atrio llevando mercancía. No es un gesto contra el templo en sí: la frase que cita al enseñar es sobre la casa de oración para todas las gentes. Pero es un gesto público, en el lugar más sensible de la ciudad, en la semana más llena del año.
A mitad de camino está la escena de Cesarea de Filipo, que los tres primeros Evangelios colocan como bisagra. Jesús pregunta a los discípulos quién dicen los hombres que es él, oye las respuestas, y entonces les dirige la pregunta a ellos. Es justo después de la respuesta de Pedro cuando empieza a hablar abiertamente de lo que venía por delante — y desde ahí el libro entero se mueve hacia Jerusalén.
1Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.
2Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.
3Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.
4Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábado, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.
5Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituída sana.
6Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle.
Una curación en sábado, narrada con la atención puesta en quienes observan. El versículo 4 trae la pregunta que nadie responde, y el 6 la decisión tomada acto seguido — todo eso está en el tercer capítulo, y no al final del libro.
15Vienen, pues, á Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
16Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo.
17Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
El episodio del templo, con un detalle que pasa desapercibido: además de volcar las mesas, impide que se cruce el atrio con mercancía. Era un atajo de la ciudad, e interrumpir eso es interferir en la rutina de Jerusalén, no solo en el comercio religioso.
Jerusalén, la cruz y el tercer día
Esta página no describe la ejecución. La crucifixión y la resurrección están aquí porque son el centro de todo lo que vino después, y omitirlas sería contar otra historia — pero la escena, con lo que tiene de violento, se queda con el texto bíblico, que cualquier lector puede abrir por su cuenta.
Los hechos son estos. Jesús sube a Jerusalén para la Pascua, es apresado de noche, pasa por interrogatorio ante las autoridades de la ciudad y es entregado a Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea. Es Pilato quien dicta la sentencia, y la pena aplicada es la crucifixión, reservada por Roma a esclavos y a quienes consideraba amenaza al orden público. Que Jesús fuera crucificado bajo Pilato es, junto con el bautismo por Juan, uno de los pocos datos sobre él que los historiadores de cualquier convicción tratan como firmes.
Los relatos dejan claro que no lo toma por sorpresa. Marcos registra tres momentos en que Jesús anuncia a los discípulos lo que venía, y en los tres la frase termina igual: después de tres días, resucitaría. El primero de esos anuncios viene justo después de la conversación en Cesarea de Filipo.
Lo que los Evangelios cuentan del tercer día empieza con mujeres yendo al sepulcro muy de mañana, llevando lo que habían preparado. Encuentran la piedra removida y el cuerpo ausente, y reciben el anuncio en una sola frase. Ninguno de los cuatro describe la resurrección en sí: narran el antes y el después, y se detienen en la puerta. Esa contención es una de las marcas más notables de estos capítulos.
Después vienen los encuentros. El mejor contado es el del camino de Emaús, en Lucas: dos discípulos caminan conversando con alguien a quien no reconocen, oyen abrirse las Escrituras para ellos y solo advierten quién era a la mesa, en el momento en que se parte el pan. Es la escena que el Nuevo Testamento ofrece a quien pregunta qué cambió — y es también el comienzo de lo que los discípulos pasaron a anunciar en Jerusalén pocas semanas más tarde.
28Y llegaron á la aldea á donde iban: y él hizo como que iba más lejos.
29Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos.
30Y aconteció, que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles.
31Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos.
32Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
Emaús, de la invitación a la partida. El reconocimiento ocurre en un gesto de mesa, y no en un argumento; y el comentario que hacen los dos después es sobre lo que sintieron durante el camino, cuando todavía no sabían con quién hablaban.
El registro fuera del Nuevo Testamento
Dos fuentes no cristianas de los siglos I y II mencionan a Jesús, y conviene saber exactamente qué dice cada una y qué no dice.
La primera es Flavio Josefo, historiador judío que escribe las Antigüedades Judías hacia el año 93. Menciona a Jesús en dos pasajes. Uno es breve y trata de la ejecución de Jacobo, identificado como hermano de Jesús, llamado Cristo; ese pasaje lo acepta como auténtico la gran mayoría de los estudiosos. El otro es más largo y ha llegado hasta nosotros en una forma que contiene afirmaciones de fe cristiana que un autor judío no habría escrito — la lectura hoy predominante es que allí había una mención original, retrabajada después por copistas cristianos. Registrarlo es más útil que citar el fragmento como si no hubiera discusión.
La segunda es Tácito, historiador romano, que hacia el año 116 explica el origen del nombre de los cristianos en Roma: viene de Cristo, ejecutado en el reinado de Tiberio por sentencia del procurador Poncio Pilato. Tácito no tenía simpatía por el grupo que describía, lo que vuelve su registro más valioso como testimonio externo.
Es importante ser exactos sobre el alcance de estas fuentes. No confirman la confesión cristiana, y no es eso lo que se les pide. Lo que sostienen es más modesto y no es poco: que Jesús existió, que vivió cuando los Evangelios dicen que vivió, y que murió del modo y bajo la autoridad que ellos indican.
Lo que el texto no dice
Los personajes bíblicos acumulan capas de tradición que la Escritura no sostiene. Separar ambas cosas no reduce la historia: le devuelve lo que de verdad está escrito.
Lo que se suele decir
Jesús nació el 25 de diciembre del año 1.
Lo que trae la Escritura
Ningún Evangelio da fecha ni estación del año. Mateo sitúa el nacimiento en días del rey Herodes, y Herodes murió en lo que nuestra propia cuenta llama año 4 antes de Cristo — lo que coloca el nacimiento algunos años antes del año 1. Lucas ancla la escena en un censo y en un viaje, y tampoco informa del día.
De dónde viene: La celebración el 25 de diciembre aparece registrada por primera vez en documentos romanos del siglo IV. La cuenta de los años viene de un cálculo hecho en el siglo VI por Dionisio el Exiguo, para armar la tabla de las fechas de Pascua; el error de algunos años se identificó después, y el calendario nunca se rehízo. Nada de esto decide si la fecha es buena para celebrar — decide solamente de dónde viene.
Lo que se suele decir
La escena del pesebre está en el Evangelio tal como se suele montar: tres reyes magos, con nombres, y un buey y un asno junto al pesebre.
Lo que trae la Escritura
Mateo habla de magos venidos del oriente, sin decir cuántos eran, sin llamarlos reyes y sin nombrarlos; y el encuentro que narra ocurre dentro de una casa. Lucas, que es quien trae el pesebre y los pastores, no menciona animal alguno. Las dos escenas vienen de Evangelios distintos, y ninguno de los dos las junta.
De dónde viene: El número tres viene de los tres presentes ofrecidos. Los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen en textos latinos a partir del siglo VI y se fijan en el arte medieval. El buey y el asno entran por la lectura de una frase del primer capítulo de Isaías y ganan lugar definitivo en el belén que armó Francisco de Asís en 1223. Es una tradición visual antigua y querida, y conocer su origen no le quita nada.
Lo que se suele decir
Cristo era su apellido.
Lo que trae la Escritura
Cristo es un título, y no un nombre de familia: es la traducción griega de la palabra hebrea para ungido, que también llega al español como Mesías. El propio texto lo marca. En Cesarea de Filipo, Pedro no dice "Jesucristo": dice "Tú eres el Cristo", con artículo. "Jesucristo", entonces, es un nombre seguido de una confesión.
Lo que se suele decir
Los Evangelios describen cómo era Jesús físicamente.
Lo que trae la Escritura
Ninguno de los cuatro trae estatura, color de piel, de ojos o de cabello, forma del rostro ni descripción física alguna. Lo que registran es lo que hizo, lo que dijo y cómo reaccionó la gente que estaba cerca.
De dónde viene: El rostro que casi todos llevamos en la cabeza viene del arte. Los rasgos empiezan a fijarse en la iconografía cristiana a partir del siglo IV, toman forma estable en el Oriente bizantino y llegan a Occidente por la pintura y, en el siglo XX, por el cine. Es retrato de tradición artística, y no de testigo ocular — lo que no impide a nadie rezar delante de él.
Lo que se suele decir
Entre los doce y los treinta años, Jesús viajó a la India, a Egipto o a Oriente y estudió con maestros de otras religiones.
Lo que trae la Escritura
Lucas registra un episodio a los doce años, en Jerusalén, y a continuación la vuelta a Nazaret. Entre aquel momento y el Jordán el texto no cuenta nada — y tampoco dice que haya salido de Galilea. El silencio de los Evangelios sobre esos años es silencio, y no relato de viaje.
De dónde viene: Las narraciones de viaje a Oriente empiezan a circular a finales del siglo XIX, a partir de un libro publicado en 1894 cuyo autor decía haber encontrado un manuscrito antiguo en un monasterio del Himalaya. La afirmación fue impugnada poco después por investigadores que fueron al monasterio a buscar el manuscrito y no lo encontraron.
Dónde aparece esta persona
16Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.
17Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para poner en libertad á los quebrantados:
19Para predicar el año agradable del Señor.
20Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
La lectura en la sinagoga de Nazaret, que Lucas coloca como programa de la vida pública. Un detalle se ve al comparar con Isaías 61, de donde viene el pasaje: la lectura de Jesús se detiene en el año agradable del Señor, y el profeta continuaba con el día de venganza. Dónde cierra el libro forma parte de lo que dice.
1Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.
2Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?
3¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él.
La vuelta a Nazaret, y el retrato de la familia por boca de los vecinos: el oficio, la madre, los cuatro nombres y las hermanas. Es el pasaje más informativo del Nuevo Testamento sobre la casa en la que creció, y es también el que las dos tradiciones leen de forma distinta — véase la nota más abajo.
1Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
3Y él les propuso esta parábola, diciendo:
Dos versículos de acusación y uno de respuesta. La queja es sobre compañía de mesa, y aquello con lo que Jesús responde no es un argumento: son tres parábolas seguidas, entre ellas la del hijo que vuelve. Leer el capítulo 15 sabiendo por qué empieza cambia el capítulo entero.
27Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas.
29Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo.
30Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno.
31Y comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
La pregunta de Cesarea de Filipo, la respuesta de Pedro e, inmediatamente después, el primer anuncio de lo que vendría. Fíjese en lo pegados que están los tres elementos: en el texto, la confesión y el anuncio no son escenas separadas.
1Y EL primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.
2Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.
3Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;
5Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
6No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea,
La mañana del tercer día, contada desde el punto de vista de quienes llegaron primero. El anuncio viene en una frase, sin descripción de lo que habría pasado allí dentro — los Evangelios narran el antes y el después, y no la resurrección en sí.
37Vosotros sabéis lo que fué divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó,
38Cuanto á Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando á todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él.
Una vida entera resumida en dos frases dentro del propio Nuevo Testamento, en el discurso de Pedro en casa de Cornelio. Sirve como sumario de lo que contaba la primera generación cristiana cuando tenía que contarlo rápido: de dónde era, qué hacía y por dónde anduvo.