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19 versículos sobre el cielo y lo que la Biblia describe de verdad

Escrito por Maria Luisa Navarro Schmitt · Revisado por Raphael Navarro Schmitt ·

Respuesta rápida

El cielo, en la Biblia, se describe menos como lugar y más como presencia. Juan 14:2-3 habla de moradas preparadas y de estar donde Jesús está, Apocalipsis 21:1-2 anuncia un cielo nuevo y una tierra nueva, y 1 Corintios 2:9 admite que nadie ha imaginado nunca cómo es.

Lo primero que sorprende a quien lee los textos seguidos es lo poco que hablan de nubes, puertas y arpas. Lo que se repite es otra cosa: la presencia. Estar con él, ver su cara, vivir donde él vive. Juan 14:3 ni siquiera describe el lugar — Jesús dice que vuelve a llevarse a los suyos donde él esté, y el argumento termina ahí.

La segunda sorpresa es la tierra. La esperanza que describe el Nuevo Testamento no es subir lejos de aquí, sino un cielo nuevo y una tierra nueva, con la ciudad descendiendo. Isaías 65:17, 2 Pedro 3:13 y Apocalipsis 21 dicen lo mismo en siglos distintos. Es bastante diferente de la imagen popular, y es lo que está escrito.

Sobre lo que ocurre entre la muerte de una persona y ese desenlace, la Escritura dice poco, y las tradiciones cristianas llenaron ese silencio de maneras distintas. Los comentarios de abajo dicen lo que afirma cada texto y paran donde él para.

Los 19 versículos, uno a uno

  1. 1NO se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí.

    2En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.

    3Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

    El texto más leído sobre el cielo, y en ningún momento describe el lugar. La promesa entera es sobre compañía: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

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  2. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo.

    Aquí es Jesús orando, y su petición es justamente esa. Vale reparar en que el deseo parte de él, no de quien quiere llegar allí.

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  3. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

    Dicho a un hombre que estaba al lado de Jesús en las últimas horas de ambos. La palabra "hoy" es el centro de las lecturas distintas que hacen las tradiciones sobre el intervalo entre la muerte y la resurrección — y la promesa en sí no la discute ninguna.

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  4. Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.

    El único versículo de la lista que admite no saber. Pablo cita a Isaías para decir que el asunto excede al ojo, al oído y al corazón — un buen freno para descripciones demasiado detalladas.

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  5. 20Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

    21El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar á sí todas las cosas.

    Escrito a una colonia romana, donde el estatuto cívico era asunto de identidad y orgullo. La Reina-Valera lo traduce como "nuestra vivienda es en los cielos": la dirección está en otra parte.

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  6. Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos: porque les había aparejado ciudad.

    La frase más generosa de la Escritura: Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos. La ciudad aparejada aparece como consecuencia de eso, no como recompensa.

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  7. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir.

    Una línea que explica por qué el cristiano siempre se siente un poco fuera de sitio. No es desprecio por el presente — es dirección provisional.

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  8. 1SI habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado á la diestra de Dios.

    2Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

    Los verbos son buscar y poner la mira, no huir. Pablo escribe esto y en las líneas siguientes habla de matrimonio, hijos y trabajo — mirar arriba organiza la vida de aquí.

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  9. 19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan;

    20Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan:

    21Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

    Polilla, orín y ladrones son tres formas de perder lo que se guarda. El argumento es de seguridad de la inversión, y la conclusión es sobre dónde acaba el corazón.

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  10. Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.

    Dicho a gente que estaba pagando un precio real por seguir a Jesús, lo que cambia el tono entero. La merced en los cielos aparece como compensación de algo concreto, no como frase de consuelo genérica.

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  11. 3Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,

    4Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos

    Tres adjetivos para la herencia: incorruptible, que no puede contaminarse, que no se marchita. Pedro escribe a gente que estaba perdiendo bienes — la lista responde a pérdidas concretas.

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  12. 16Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero:

    17Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

    La escena más detallada del reencuentro en el Nuevo Testamento. La frase que la cierra es el punto de todo el párrafo: y así estaremos siempre con el Señor.

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  13. Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.

    La promesa de cielos nuevos y tierra nueva aparece setecientos años antes del Apocalipsis. No es una idea tardía ni invención del último libro de la Biblia.

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  14. Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus promesas, en los cuales mora la justicia.

    El detalle está al final: en los cuales mora la justicia. Es la única descripción del cielo de esta lista hecha en términos morales, y no visuales.

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  15. 1Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es.

    2Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

    Fíjate en la dirección: la ciudad desciende. La imagen popular de subir al cielo no es la que usa el texto aquí.

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  16. 22Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

    23Y la ciudad no tenía necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella: porque la claridad de Dios la iluminó, y el Cordero era su lumbrera.

    Una ciudad santa sin templo — la ausencia es el punto. No hay un lugar aparte para encontrarse con Dios cuando él es el lugar entero.

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  17. 3Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.

    4Y verán su cara; y su nombre estará en sus frentes.

    5Y allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol: porque el Señor Dios los alumbrará: y reinarán para siempre jamás.

    "Y verán su cara" es la frase más fuerte de la Biblia sobre el asunto, porque en el Antiguo Testamento ver el rostro de Dios era justamente lo que nadie podía hacer y seguir vivo.

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  18. 9Después de estas cosas miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;

    10Y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación á nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.

    La compañía es de todas las gentes, linajes, pueblos y lenguas — cuatro palabras que la Escritura usa para decir que no quedó ningún grupo fuera.

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  19. Me mostrarás la senda de la vida: hartura de alegrías hay con tu rostro; deleites en tu diestra para siempre.

    Cierra la lista por el lado más antiguo y más simple. La alegría no está en un decorado: está en el rostro. Es el resumen de todo lo que describen los textos de arriba.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo es el cielo según la Biblia?

La Escritura describe mucho más presencia que decorado. Juan 14:3 habla de estar donde Jesús está, Apocalipsis 22:4 habla de ver su cara y Apocalipsis 21:4 dice que ya no habrá muerte ni dolor. 1 Corintios 2:9 admite que ninguna descripción alcanza lo que es.

¿La persona va al cielo nada más morir?

La Biblia afirma las dos puntas con claridad: estar con Cristo tras la muerte (Lucas 23:43, Filipenses 1:23) y la resurrección al final (1 Tesalonicenses 4:16-17). Del intervalo entre ambas dice poco, y las tradiciones cristianas describen ese período de formas distintas. Reconocerlo es más honesto que elegir una versión y presentarla como la única.

¿El cielo está aquí en la tierra o en otro sitio?

Los textos sobre el desenlace final hablan de cielos nuevos y tierra nueva, con la ciudad descendiendo — Isaías 65:17, 2 Pedro 3:13 y Apocalipsis 21:1-2. Es decir, la esperanza bíblica no es abandonar la tierra, sino una creación renovada. Suele sorprender a quien solo conoce la imagen popular de subir a las nubes.

¿Reconoceremos en el cielo a las personas que amamos?

La Biblia no lo trata directamente, pero 1 Corintios 13:12 dice que entonces conoceremos como somos conocidos, lo que apunta a más conocimiento y no a menos. 1 Tesalonicenses 4:17 habla de estar juntamente con los que partieron antes. Es lo más lejos que llega el texto.

Una oración para llevar

Señor, no sé casi nada del cielo, y lo poco que sé es lo que basta: que tú estás allí. Guarda en mí esa esperanza sin que me haga despreciar la vida de aquí. Y consuela a quien está esperando reencontrarse con alguien. Amén.

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