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Salve Regina: el texto de la oración y por qué habla de valle de lágrimas

La oración

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

En resumen

La Salve es la antífona mariana que se reza al final del rosario y se canta en la Liturgia de las Horas. El texto latino es del siglo XI o XII y su autoría está disputada. Llama abogada a María y le pide que interceda — no le pide nada más.

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Cuándo rezarla

Al final del rosario, después de la quinta decena, y por la noche: en la Liturgia de las Horas es una de las antífonas que cierran el día. Es también la oración tradicional junto al lecho de un moribundo.

La oración está hecha de dos partes desiguales. La primera es un lamento: llamamos, suspiramos, gimiendo y llorando. La segunda es una petición, y la petición no es que el dolor se acabe — es que se vuelvan unos ojos y que después se muestre a Jesús. Nada en la Salve promete el final del destierro; pide compañía dentro de él.

«Los desterrados hijos de Eva» es la expresión que hoy más extraña, y es la clave del texto. Desterrado es quien fue expulsado y vive fuera de casa. La oración parte de la premisa de que este mundo no es el destino final, y eso es lo que hace funcionar todo lo demás: quien se siente en casa no pide que le muestren el camino.

El centro de la oración es una petición de ver, no de que le resuelvan algo. «Muéstranos a Jesús» es el único imperativo con un objeto concreto, y redirige la oración entera: todo lo que vino antes — los títulos, el lamento, la abogacía — desemboca en alguien que no es María.

La repetición triple del final, «oh clementísima, oh piadosa, oh dulce», no añade contenido. Es música: la antífona nació para ser cantada, y esas tres invocaciones son el punto en que la melodía gregoriana se abre. Quien haya oído la Salve Regina cantada en un monasterio reconoce el pasaje antes de entender la letra.

De dónde viene esta oración

Cuándo surgió Siglo XI o XII, en latín, autoría disputada

La Salve Regina es una de las cuatro antífonas marianas del oficio romano — los cantos con que cada tiempo del año cierra la última hora del día, y a ella le corresponde el largo tiempo ordinario, entre Pentecostés y el Adviento. Aparece en los manuscritos a partir del siglo XII, sobre todo en fuentes cistercienses, y desde allí se extiende deprisa. Los dominicos la cantaban en procesión después de Completas ya en el siglo XIII, y de esa práctica viene la costumbre, hoy universal, de cerrar el rosario con ella.

La autoría no está resuelta y probablemente no lo estará. La atribución más repetida es a Hermann de Reichenau, monje alemán del siglo XI conocido como Hermann el Tullido, que vivió con una discapacidad grave y a quien se le atribuyen además tratados de música y de astronomía; otra tradición señala a Ademar de Monteil, obispo de Le Puy. Ninguna de las dos se sostiene en un documento contemporáneo, y el texto sigue siendo, en la práctica, anónimo.

La redacción también cambió. Las tres invocaciones finales — «oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María» — se le atribuyen por una tradición tardía a san Bernardo de Claraval, que las habría añadido en voz alta al oír la antífona en una catedral. La historia es bonita y no tiene registro de la época; las invocaciones ya aparecen en manuscritos antiguos del texto.

Detalles poco conocidos

  • «Valle de lágrimas» llegó por el latín, y esta edición no trae la expresión

    La imagen sale del Salmo 84:6, que la Vulgata lee «in valle lacrimarum». Solo que «lacrimarum» traduce una palabra hebrea que probablemente sea un nombre de lugar: la Reina-Valera de 1909, la edición española de este sitio, hecha desde el hebreo, dice «el valle de Baca», y la portuguesa igual. La inglesa, que viene de la Vulgata, dice literalmente «valley of tears». Se puede comprobar abriendo el mismo salmo en los tres idiomas aquí mismo — y es por esa ruta latina por donde la frase llegó a la Salve.

  • En español las dos oraciones marianas empiezan igual, y en latín no

    El latín distingue dos saludos distintos: «Ave Maria» y «Salve Regina». El español tradujo los dos con la misma fórmula, «Dios te salve», de modo que el avemaría y la Salve abren con las mismas cuatro palabras. Es una coincidencia de traducción, no del original, y explica por qué en español la segunda se conoce simplemente como «la Salve»: es lo único que quedó del latín en su primera línea.

  • Se rezó al final de cada misa rezada durante ochenta años

    En 1884 León XIII mandó añadir oraciones al final de cada misa rezada — tres avemarías, la Salve y, a partir de 1886, la oración a san Miguel Arcángel. Se conocieron como Oraciones Leoninas y fueron suprimidas en 1964, en la reforma litúrgica. Quien tenga más de setenta años oyó la Salve todos los domingos, en latín, sin que nadie la hubiera elegido.

  • «Abogada» es vocabulario de tribunal, y es a propósito

    El latín «advocata nostra» usa el término jurídico de quien habla en nombre de otro ante un juez. La oración no le pide a María que juzgue ni que absuelva: le pide que hable. Junto con «ruega por nosotros» al final, es el par de verbos que define lo que la devoción católica entiende por intercesión — y es exactamente el punto en el que las iglesias evangélicas leen distinto.

Qué dicen los pasajes

Juan 19:26-27

26Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

27Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.

Traducción: Reina-Valera

La escena de la cruz en la que la devoción mariana se apoya con más frecuencia. El texto es corto y no explica nada: Jesús entrega la madre al discípulo y el discípulo a la madre. Es sobre el alcance de esa entrega donde las tradiciones cristianas divergen.

Apocalipsis 12:1

1Y UNA grande señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Traducción: Reina-Valera

La imagen de donde viene el título de reina, con la corona de doce estrellas. Vale la pena ver qué hace el propio capítulo con esa figura enseguida: huye al desierto y es perseguida — la lectura más antigua la identifica con el pueblo de Dios, y la mariana es posterior.

Salmos 84:5-6

5Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; en cuyo corazón están tus caminos.

6Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, cuando la lluvia llena los estanques.

Traducción: Reina-Valera

El origen del «valle de lágrimas». En esta edición, traducida del hebreo, el valle se llama Baca y es un lugar de paso que se convierte en fuente. La Vulgata leyó la misma palabra como «lágrimas», y fue esa lectura la que llegó a la Salve.

1 Timoteo 2:5

5Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;

Traducción: Reina-Valera

El versículo en el que se apoya la lectura evangélica para dirigir toda oración solamente a Dios por medio de Cristo. Está aquí porque esta página no esconde la divergencia que levanta la palabra «abogada»: las dos lecturas aparecen una al lado de la otra en la nota de abajo.

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