¿Cómo orar?
Respuesta rápida
Orar es hablar con Dios con las propias palabras. La Biblia lo enseña de forma sencilla: en lugar apartado, sin fórmula memorizada y sin repetición para impresionar a quien escucha. Jesús dio un modelo corto, el Padre Nuestro, y los apóstoles orientaron orar con constancia y con gratitud. No hay palabra correcta ni postura exigida.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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La pregunta casi siempre llega con una sospecha incorporada: la de que existe un modo correcto y que quien no lo sabe lo está haciendo mal. El texto bíblico desmonta eso de entrada. Las instrucciones más explícitas sobre oración son, en buena parte, sobre lo que no hace falta.
Jesús trata el asunto en un pasaje corto del Sermón del Monte y gasta las primeras líneas en dos correcciones. La primera es contra orar para ser visto; la segunda, contra acumular palabras creyendo que la cantidad convence. Lo que queda después de eso es bastante menos de lo que la mayoría imagina: un lugar apartado y un Padre que ya sabe qué falta antes de la petición.
El resto del Nuevo Testamento añade ritmo, no técnica. Las cartas orientan orar sin cesar y llevar la preocupación a Dios junto con el agradecimiento. Y hay un reconocimiento que suele pasar desapercibido: Pablo escribe, en la carta a los Romanos, que hay días en que la persona no sabe qué pedir — y trata eso como parte normal de la oración, no como fallo en ella. Es el pasaje más útil para quien se traba ante el silencio.
Si aun así falta por dónde empezar, el texto ofrece dos modelos opuestos e igualmente aceptados. Uno es el Padre Nuestro, estructurado, con peticiones en orden. El otro es la oración de una línea del recaudador de impuestos, en la parábola de Lucas 18 — sin introducción, sin justificación, y es esa la que Jesús señala como la que volvió a casa aprobada. Entre las dos cabe prácticamente todo lo que alguien necesite decir.
Qué dicen los pasajes
5Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.
6Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
7Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos.
8No os hagáis, pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
El pasaje más directo sobre método, y es casi todo negativo: no orar para ser observado, no ser prolijo por serlo. La instrucción positiva que queda es de lugar y de discreción — entrar en la cámara y cerrar la puerta —, no de palabras, y el motivo que se da es que la petición no informa a Dios de nada.
1Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.
El origen de la pregunta es el mismo hasta hoy: alguien ve a otra persona orando y pide aprender. Vale notar que quien pide es un discípulo, después de tiempo de convivencia. No saber orar no era señal de distancia ni siquiera allí.
26Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.
Trata explícitamente del caso en que la persona no consigue formular la petición. El texto no corrige a quien está en esa situación; describe al Espíritu asumiendo la intercesión. Es el argumento bíblico contra la idea de que una oración mala no cuenta.
16Estad siempre gozosos.
17Orad sin cesar.
18Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
Tres instrucciones cortas y encadenadas que definen frecuencia en vez de forma. La orientación de orar sin cesar es sobre continuidad a lo largo del día, y no sobre la duración de cada oración — lectura que el propio contexto, hecho de frases breves, sostiene.
13Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador.
La oración más corta de la parábola, dicha por quien se consideraba sin derecho a estar allí y ni siquiera alzaba los ojos, y es la que Jesús valida en el versículo siguiente. Sirve de contrapunto práctico a cualquier exigencia de vocabulario religioso.
7Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
8Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.
La invitación a pedir, buscar y llamar aparece en tres verbos de esfuerzo continuado, y no de intento único. Es el texto que sostiene la insistencia en la oración sin convertirla en regateo, porque nada allí habla de mérito de quien pide.