Avemaría: el texto de la oración y de dónde viene cada mitad
La oración
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
En resumen
El avemaría tiene dos mitades de origen distinto. La primera junta el saludo del ángel Gabriel y el de Isabel, ambos en Lucas 1. La segunda, la petición «ruega por nosotros, pecadores», no está en la Biblia: apareció a finales de la Edad Media y solo quedó fija en el siglo XVI.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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Cuándo rezarla
En cualquier momento, y sobre todo delante de lo que asusta: la segunda mitad pide auxilio para «ahora» y para «la hora de nuestra muerte», los dos únicos tiempos que nombra. Es también la oración más repetida del rosario — cincuenta veces en las cinco decenas.
La oración tiene una bisagra, como el padrenuestro, pero esta separa dos géneros y no dos asuntos. La primera mitad es saludo; la segunda, petición. Nadie habla así en la vida corriente — saludar y solo después pedir es una cortesía que la oración heredó de una época en que la fórmula todavía era únicamente el saludo. En español, además, todo el texto tutea a María, mientras que la forma portuguesa la trata de vos: una distancia menos, y ninguna de las dos es más antigua que la otra.
El verbo de la petición es «ruega», y esa elección carga con la devoción entera. La oración no le pide a María que conceda, perdone ni salve: le pide que pida. Es una diferencia que pasa desapercibida en la repetición y que es exactamente donde las tradiciones cristianas se separan — de ahí la nota más abajo.
Los dos tiempos nombrados al final tampoco son casuales. «Ahora» y «la hora de nuestra muerte» son los dos únicos momentos que cualquier persona tiene la certeza de atravesar. La oración ignora el futuro intermedio, el que la ansiedad intenta administrar, y pide auxilio solo para el instante presente y para el último.
Vale la pena fijarse en lo que María dice en el evangelio de Juan, en la única escena en que habla: «Haced todo lo que os dijere». Es una frase que apunta lejos de ella. Quien reza el avemaría con atención encuentra ahí el criterio de la oración misma.
De dónde viene esta oración
Cuándo surgió Primera mitad, siglo primero; segunda, finales de la Edad Media
Las dos mitades vienen de siglos distintos, y quien reza casi nunca nota la costura. La primera está montada con dos saludos de Lucas 1: el del ángel Gabriel a María y el de Isabel, cuando su prima llega a la casa. Ya circulaba como antífona en Occidente antes del siglo XI, y entonces terminaba donde termina la cita bíblica, sin ninguna petición. El nombre «Jesús» al final de la frase es un añadido posterior, que la tradición atribuye al papa Urbano IV, en el siglo XIII — atribución repetida desde hace mucho y que ningún documento de la época confirma.
La segunda mitad es la que convierte un saludo en oración, y no es bíblica. La petición «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte» aparece en formas variadas a lo largo del siglo XV, sobre todo en Italia, y solo se estabiliza con la reforma del Breviario Romano publicada bajo Pío V, en 1568. El título «Madre de Dios» que abre esa mitad es mucho más antiguo: se afirmó en el Concilio de Éfeso, en 431, y lo que allí se discutía no era la condición de María sino la de Jesús.
La fórmula que se reza en español no es la redacción de ninguna traducción bíblica publicada en este sitio, y eso no es error de nadie — vale aquí lo mismo que vale para el padrenuestro. Es otro objeto: un texto fijado por el uso y por la repetición en voz alta. El texto bíblico que está detrás de la primera mitad aparece justo debajo, entre los pasajes, y se puede comparar palabra por palabra.
Detalles poco conocidos
La oración en español no empieza por «Ave», y el nombre se quedó igual
«Bendita tú eres entre todas las mujeres» está dos veces en esta edición y una sola en la portuguesa
«Llena de gracia» traduce una palabra que no se usa de nadie más en el Nuevo Testamento
Durante siglos la oración no pedía nada
Qué dicen los pasajes
26Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.
28Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
29Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.
30Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.
31Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.
La escena de donde sale la primera frase de la oración. Compárela con el texto de arriba: aquí el ángel dice «¡Salve, muy favorecida!», donde la fórmula rezada dice «llena eres de gracia», y el saludo ya incluye la frase sobre ser bendita entre las mujeres, que en la edición portuguesa de este sitio no está en este versículo.
39En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;
40Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.
41Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,
42Y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
43¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?
44Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
45Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.
La segunda fuente de la primera mitad. Es Isabel, y no el ángel, quien dice «bendito el fruto de tu vientre» — la oración soldó los dos saludos en una sola frase, y la juntura desaparece cuando se reza deprisa.
3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.
4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.
5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.
La única escena del evangelio de Juan en la que María habla, y lo que dice apunta a Jesús y no a sí misma. Es el pasaje que la devoción católica suele citar para describir lo que entiende por intercesión: ella lleva la petición y devuelve la atención.
5Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;
El versículo en el que se apoya la lectura evangélica para orar solamente a Dios por medio de Cristo. Está aquí porque esta página no esconde la divergencia: quien reza el avemaría y quien no lo reza están leyendo esta línea de maneras distintas, y las dos lecturas aparecen en la nota de abajo.