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¿Por dónde empezar a leer la Biblia?

Respuesta rápida

Empieza por un Evangelio, no por Génesis. Marcos es el más corto y directo; Lucas fue escrito justamente para quien quiere orden y certeza de lo que ocurrió. Después ve a Hechos, que continúa la historia, y a Salmos y Proverbios, que se leen en dosis pequeñas. Leer de tapa a tapa suele detenerse en Levítico.

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La recomendación de empezar por la primera página es la más intuitiva y la que más lectores abandona a medio camino. Génesis y Éxodo enganchan; luego llega Levítico, con capítulos de reglas de sacrificio y pureza ritual escritos para un pueblo específico en un momento específico. No es un libro malo: es un libro que exige un contexto que nadie tiene en la tercera semana de lectura.

Los Evangelios resuelven eso porque cuentan una historia con principio, medio y final, y porque es a partir de Jesús como se organizan el resto del Nuevo Testamento y buena parte de la lectura cristiana del Antiguo. Marcos tiene dieciséis capítulos y ritmo de narración; abre ya con Juan el Bautista y no pierde tiempo. Lucas es más largo y más explicativo, y el propio autor declara, en las primeras líneas, que escribió por orden para que el lector conociera la verdad de lo que le fue enseñado — que es literalmente la demanda de quien está empezando.

Después del primer Evangelio, Hechos es la continuación natural: es el mismo autor de Lucas contando qué pasó con aquel grupo después. Y ahí la lectura del Nuevo Testamento entero pasa a tener sentido, porque las cartas fueron escritas para las comunidades que Hechos describe naciendo.

Dos cosas ayudan más que la elección del libro. La primera es aceptar lo que el texto dice de sí mismo: en Hechos, un hombre que lee a Isaías responde que no puede entender si nadie le enseña, y en Nehemías la lectura pública viene acompañada de explicación para que el pueblo comprendiera. Leer acompañado, con nota al pie o con quien explique, no es debilidad — es el método que la propia Biblia registra. La segunda es preferir constancia a volumen: quince minutos diarios llegan más lejos que tres horas el domingo.

Si la intención es leer la Biblia entera, eso sigue valiendo — solo que no hace falta que sea en el orden en que los libros están encuadernados. El orden del índice es editorial, agrupado por tipo de literatura, y no cronológico ni didáctico.

Qué dicen los pasajes

Marcos 1:1

1PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Traducción: Reina-Valera

La primera línea del Evangelio más corto, y ya anuncia de qué trata el libro. Marcos no abre con genealogía ni con prólogo teológico: empieza por la predicación y mantiene ese ritmo hasta el final, lo que lo convierte en la puerta de entrada más fácil.

Lucas 1:1-4

1HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

2Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;

3Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,

4Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

Traducción: Reina-Valera

El único prefacio de autor en toda la Biblia, y describe exactamente al lector que esta pregunta tiene: alguien que ya oyó hablar del asunto y quiere saber si es así. Lucas declara haber investigado desde el principio y haber escrito por orden, con ese objetivo.

Juan 20:30-31

30Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.

31Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Traducción: Reina-Valera

El autor de Juan dice por qué seleccionó lo que seleccionó, y admite haber dejado mucho fuera. Sirve de aviso útil a quien empieza: un Evangelio no es biografía completa, es un recorte con propósito declarado.

Hechos 8:30-31

30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?

31Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.

Traducción: Reina-Valera

La escena en que alguien lee la Biblia sin entenderla y lo dice en voz alta. La respuesta del texto no es un reproche, es compañía — Felipe sube al carro y se sienta con él. Es el pasaje que autoriza al lector principiante a pedir ayuda.

Nehemías 8:8

8Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

Traducción: Reina-Valera

Lectura pública seguida de explicación, para que el pueblo entendiera lo que se estaba leyendo. Registra que la necesidad de mediación entre texto y lector es antigua, y no un problema de quien lee hoy.

2 Timoteo 3:16-17

16Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia,

17Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.

Traducción: Reina-Valera

La frase que describe para qué sirve la Escritura, y enumera cuatro usos — enseñar, redargüir, corregir, instituir en justicia. Ninguno de ellos es información; todos son formación. Eso cambia lo que se espera de una lectura que no emocionó.

Salmos 119:105

105NUN. Lámpara es á mis pies tu palabra, y lumbrera á mi camino.

Traducción: Reina-Valera

La imagen que el propio texto usa para describir su alcance: lámpara a los pies, es decir, luz suficiente para el siguiente paso, y no un foco sobre el camino entero. Es una expectativa realista para quien empieza y quiere entenderlo todo de una vez. Nota de edición: el versículo abre con la letra hebrea NUN, porque este salmo es un acróstico y esta edición imprime las letras dentro del texto.

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