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Cómo empezar a leer la Biblia desde cero

Respuesta rápida

Empieza por un Evangelio, y no por el Génesis. Lee un capítulo entero al día, siempre a la misma hora, en lugar de versículos sueltos. Después del primer Evangelio, sigue con los Hechos de los Apóstoles, y solo entonces vuelve al Antiguo Testamento. Quince minutos diarios sostienen mucho más que maratones ocasionales de domingo.

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Casi todo el mundo que decide leer la Biblia empieza igual: abre la primera página, lee el Génesis con entusiasmo, atraviesa el Éxodo con esfuerzo y se detiene en medio del Levítico. No es falta de fe ni de disciplina. Es que la Biblia no es un solo libro, y leer sus sesenta y seis o setenta y tres libros en el orden en que están encuadernados se parece bastante a leer una biblioteca entera de izquierda a derecha.

Este texto da por hecho que nunca leíste la Biblia de principio a fin y que quieres un camino que funcione — no un ideal que abandonarás en dos semanas. Son seis decisiones prácticas, y en la última es donde más gente se atasca.

Por qué empezar por el Génesis tumba a casi todo el mundo

El orden de los libros no es cronológico ni didáctico: agrupa los textos por género y por autoridad dentro de cada testamento. El Levítico, que es donde la mayoría se traba, es un manual de instrucciones para los sacerdotes de un pueblo concreto en un momento concreto. Leerlo sin contexto es abrir un código de procedimiento civil esperando encontrar una historia.

La consecuencia es siempre la misma: la persona concluye que no tiene cabeza para la Biblia, cuando el problema era la ruta. Quien empieza por donde el texto fue pensado para entrarse llega al Levítico después — y llega sabiendo por qué está ahí.

Empieza por un Evangelio

Marcos es el más corto y el más rápido: dieciséis capítulos, narración directa, casi sin digresión. Lucas es algo más largo y explica más, porque fue escrito precisamente para alguien que empezaba. Cualquiera de los dos sirve. Lo que no funciona es empezar por el Apocalipsis porque suena interesante.

La razón de empezar por un Evangelio no es devocional, es estructural: todo lo anterior apunta hacia allí, y todo lo posterior parte de allí. Quien lee a los profetas antes de los Evangelios está leyendo las pistas antes de saber que hay un caso.

Lucas 1:1-4

1HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

2Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;

3Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,

4Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

Traducción: Reina-Valera

Lucas abre diciendo con todas las letras para quién escribe y por qué: alguien que ya oyó hablar del asunto y necesita orden y certeza. Es la única apertura de la Biblia que declara su propio método, y es la razón de que este sea un buen primer libro para quien llega sin ningún contexto.

Juan 20:30-31

30Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.

31Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Traducción: Reina-Valera

Juan cierra explicando el criterio de selección de su propio libro: no intentó registrarlo todo, eligió lo que sostenía el punto. Saber que un Evangelio es una selección deliberada, y no un informe exhaustivo, cambia la forma de leer los cuatro.

Quince minutos, siempre a la misma hora

La frecuencia le gana al volumen por un margen que no es pequeño. Quince minutos al día dan más de noventa horas de lectura al año; tres horas en un domingo motivado dan tres horas y una culpa. El hábito también protege la comprensión: los capítulos leídos en días seguidos se explican unos a otros, y los leídos con semanas de por medio no.

Elige una hora que ya exista en tu rutina y ancla la lectura ahí — antes del café, en el autobús, cuando la casa se calla. Una hora sin ancla es una intención, y las intenciones no sobreviven a la tercera semana.

Salmos 1:2-3

2Antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.

3Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

Traducción: Reina-Valera

El salmo describe la lectura como algo continuo, de día y de noche, y recurre a la imagen del árbol plantado junto al agua: lo que sostiene al árbol no es la crecida ocasional, es el acceso constante. Es la defensa más antigua que existe de la lectura diaria frente al maratón.

Lee el capítulo entero, no el versículo suelto

El versículo aislado es la unidad de lo que se comparte, no la de la lectura. La división en capítulos y versículos se creó siglos después de los textos, para servir de dirección — como un número de página. Nadie escribió la Biblia en versículos, y casi todo malentendido famoso viene de tratar una dirección como si fuera una frase completa.

La regla práctica es sencilla: lee hasta el final del asunto, no hasta el final del versículo. Si un pasaje te detiene, lee los diez versículos anteriores antes de buscar explicación en cualquier otro sitio. La mayoría de las veces la explicación está ahí.

Hechos 17:11

11Y fueron éstos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.

Traducción: Reina-Valera

El texto elogia a un grupo precisamente por el hábito de comprobar cada día en el propio texto lo que estaba oyendo. Es lo contrario de aceptar un versículo aislado porque apareció bonito en una imagen — y es el comportamiento que este artículo entero intenta describir.

Edición católica o evangélica: cuál usar

Esta pregunta traba a más gente que el Levítico, y tiene respuesta objetiva antes que respuesta doctrinal. La diferencia práctica entre las ediciones es el número de libros del Antiguo Testamento: la católica trae siete más — Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los dos de Macabeos — además de pasajes adicionales en Ester y Daniel. El Nuevo Testamento es el mismo en las dos.

Si ya perteneces a una comunidad, usa la edición que ella usa: querrás seguir la lectura en el mismo texto que escuchas. Si no perteneces a ninguna, la elección no cambia nada de este artículo, porque los Evangelios y Hechos están en las dos.

Un plan para los primeros treinta días

Esta ruta cabe en quince minutos diarios y no exige nada más que una Biblia. Está montada para que al final del mes tengas la historia central entera — y no un trozo de cada rincón.

  1. Días 1 a 16: el Evangelio de Marcos, un capítulo al día. La narración completa, de principio a fin, sin atajos.
  2. Días 17 a 20: los cuatro primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles, que continúan justo donde el Evangelio se detuvo.
  3. Días 21 a 25: cinco salmos a tu elección, uno al día. Después de veinte días de narración, es donde la lectura se vuelve oración.
  4. Días 26 a 29: la carta a los Filipenses, un capítulo al día. Cuatro capítulos cortos, y el primer contacto con el formato de carta.
  5. Día 30: relee el capítulo que más te detuvo en el mes. Releer a propósito es la parte del hábito que casi nadie hace.

Qué hacer cuando el texto se traba

Se va a trabar, y es normal: son textos escritos a lo largo de más de mil años, en tres idiomas, para lectores que compartían referencias que tú no tienes. Cuando pase, hazlo en este orden — relee el pasaje anterior, busca la nota al pie, y solo entonces busca ayuda externa. Saltar directo a la explicación ajena enseña a depender de ella.

Y conviene separar dos preguntas que suelen llegar juntas: «qué dice este texto» es una pregunta de lectura, y «qué enseña mi iglesia sobre esto» es otra. La primera se resuelve en el propio texto. La segunda es con tu sacerdote o tu pastor — ningún sitio web, y ninguna aplicación, ocupa ese lugar.

Santiago 1:5

5Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.

Traducción: Reina-Valera

La carta trata la falta de entendimiento como algo que se dice en oración, y no como motivo de vergüenza. Para quien empieza y siente que debería entender más de lo que entiende, es el pasaje más útil de todo el Nuevo Testamento.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en leer la Biblia entera?

Alrededor de setenta horas de lectura para la edición de sesenta y seis libros. A quince minutos al día son algo menos de diez meses; a treinta minutos, unos cinco. La cifra asusta menos cuando uno nota que es menor que un año de series.

¿Tengo que leer los libros en el orden impreso?

No. El orden impreso agrupa los libros por género, no por cronología ni por dificultad. Empezar por los Evangelios y volver después al Antiguo Testamento es una elección de ruta, no un atajo — y es lo que hacen casi todos los planes de lectura para principiantes.

¿Qué traducción es la más fácil de entender?

Las traducciones más recientes suelen usar un lenguaje más cercano al que se habla hoy, y las más antiguas conservan con más rigor la construcción del original. Para una primera lectura, prefiere la que puedas leer sin detenerte en cada frase — la fidelidad no ayuda a quien abandonó en el capítulo tres.

¿Vale la pena leer la Biblia sin ningún acompañamiento?

Vale, y así empieza casi todo el mundo. Pero la lectura acompañada dura más: un grupo, una comunidad o incluso alguien a quien contarle lo leído resuelve el día en que falla la disciplina. Leer solo es mejor que no leer; leer acompañado es mejor que leer solo.

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