¿Quién fue Ester?
Cuándo vivió Imperio Persa, probablemente en el siglo V a.C.
En resumen
Ester fue una judía huérfana criada por su primo Mardoqueo que llegó a ser reina de Persia e impidió el exterminio de su pueblo. Se presentó ante el rey sin haber sido llamada, arriesgando la muerte, y denunció el plan de Amán. El libro no nombra a Dios ni una sola vez.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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La historia de Ester se cuenta casi siempre como un cuento de hadas con moraleja: la muchacha pobre que llegó a reina y salvó a su pueblo. El libro es bastante más extraño que eso. Es una narración de palacio, con borracheras, intriga, horca, un decreto de exterminio y una reversión violenta.
Y hay algo que lo separa de todo el resto de la Biblia: en esta edición, la divinidad no aparece en escena ni una sola vez. Nada ocurre por milagro. Las cosas encajan por el insomnio de un rey, por un archivo leído en voz alta en el momento justo, por un banquete fijado en el día justo.
El palacio de Susa y una reina depuesta
El libro abre con un banquete que dura meses. Asuero, rey de un imperio que el texto describe extendiéndose desde la India hasta Etiopía, exhibe la riqueza de la corte ante sus nobles y manda llamar a la reina Vasti para que ella también sea exhibida. Vasti se niega.
La negativa se convierte en asunto de Estado. Los consejeros argumentan que el ejemplo se extendería por todas las provincias y convencen al rey de deponerla por decreto. Así queda vacante el trono: no por muerte, no por conspiración, sino porque una mujer dijo que no y el palacio no supo qué hacer con eso.
Vale la pena notar cómo empieza el libro: con un hombre poderoso que no consigue obligar a nadie y resuelve su incomodidad mediante una ley escrita. La comedia de costumbres del primer capítulo prepara al lector para tomarse la corte persa menos en serio de lo que ella se toma a sí misma.
Una huérfana llega a reina
Ester entra en la historia por la puerta de servicio. Huérfana de padre y madre, la cría un pariente llamado Mardoqueo, funcionario del palacio. Cuando el rey manda reunir muchachas de todo el imperio para escoger nueva reina, ella es una de las llevadas — y el texto no registra elección de su parte en ningún momento.
Dos cosas suelen pasar desapercibidas. La primera es que tiene dos nombres: Hadassa, el hebreo, y Ester, el nombre por el que la conoce el palacio. La segunda es que esconde su origen por orden expresa de Mardoqueo, y el secreto dura hasta el momento en que tiene que romperse. La reina de Persia pasa años ocultando quién es.
7Y había criado á Hadassa, que es Esther, hija de su tío, porque no tenía padre ni madre; y era moza de hermosa forma y de buen parecer; y como su padre y su madre murieron, Mardochêo la había tomado por hija suya.
En esta edición Mardoqueo cría a la hija de un tío suyo — es decir, es primo de Ester, no tío. Las ediciones que siguen la Vulgata dicen que crió a la hija de un hermano, lo que hace de él su tío. La misma escena con otro grado de parentesco.
10Esther no declaró su pueblo ni su nacimiento; porque Mardochêo le había mandado que no lo declarase.
El versículo que explica el resto del libro: el silencio sobre su origen no es timidez, es instrucción recibida. Todo lo que viene después depende de que nadie en palacio sepa que la reina pertenece al pueblo que Amán intentará eliminar.
17Y el rey amó á Esther sobre todas las mujeres, y halló gracia y benevolencia delante de él más que todas las vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, é hízola reina en lugar de Vasthi.
La corona llega por preferencia del rey, y el texto lo registra sin ningún comentario sobre mérito, virtud o providencia. El libro describe su ascenso con la misma frialdad con que describió la caída de Vasti.
El decreto de Amán
Amán es promovido a segundo hombre del imperio y exige reverencia de todos. Mardoqueo no se inclina. El texto no explica por qué, y esa ausencia es significativa: el libro deja al lector sin el motivo y pasa directo a la consecuencia.
La venganza de Amán no se limita al hombre que lo desagradó. Lleva al rey un argumento genérico sobre un pueblo esparcido por el imperio que sigue leyes propias, ofrece una suma enorme al tesoro real y obtiene autorización para exterminarlo. El rey entrega el anillo de sellar sin preguntar de qué pueblo se trata.
8Y dijo Amán al rey Assuero: Hay un pueblo esparcido y dividido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no observan las leyes del rey; y al rey no viene provecho de dejarlos.
Conviene leer la acusación con atención: un pueblo esparcido, con leyes distintas, que no observa las del rey. Ni el nombre del pueblo aparece. Un decreto de muerte se aprueba sobre la base de una descripción en la que nadie está identificado.
La conversación que lo decide todo
Mardoqueo manda avisar a Ester y le pide que interceda. La respuesta de ella es la de quien conoce el funcionamiento del lugar: cualquiera que entre en la sala del trono sin ser llamado muere, salvo que el rey extienda el cetro, y a ella no la convocan desde hace un mes.
El recado que Mardoqueo devuelve es el pasaje más citado del libro, y casi siempre se cita mal. No garantiza que saldrá bien, no habla de misión divina y no promete protección. Dice que el auxilio vendrá de otra parte si ella calla, que ella morirá igual y con ella toda su familia paterna, y formula una pregunta.
La respuesta de Ester es una orden, no una petición: convoca ayuno de tres días, avisa que hará lo mismo con sus doncellas, y dice que después irá al rey. De la huérfana callada del capítulo dos no queda nada.
14Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?
La frase famosa es una pregunta abierta, no una garantía. Y conviene mirar lo que la antecede: la advertencia de que ella y los suyos perecerán igualmente si guarda silencio. Lo que Mardoqueo ofrece no es consuelo, es aritmética.
16Ve, y junta á todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme á la ley; y si perezco, que perezca.
Aquí está la frase que resume el personaje para el lector hispanohablante: entrará ante el rey saltándose la ley, y acepta de antemano la posibilidad de morir en el intento. Las ediciones que siguen la Vulgata cierran el versículo de otro modo, hablando de exponerse a peligro de muerte.
El tercer día
Ester se viste con sus ropas reales y se coloca en el patio interior, a la vista del trono. Es el momento en que la historia podría terminar: basta con que el rey no extienda el cetro. Lo extiende, y ella atraviesa la sala.
Lo que hace a continuación es pura estrategia. No denuncia a Amán en el acto. Invita al rey y al enemigo a un banquete, y en el banquete los invita a otro. Entre uno y otro, el rey pasa una noche de insomnio, manda leer los archivos de la corte y descubre que Mardoqueo le había salvado la vida años antes sin haber sido recompensado.
Solo en el segundo banquete habla Ester. Pide su propia vida, pide la de su pueblo, e informa al rey de que la persona que firmó aquel decreto está sentada a la mesa.
1Y ACONTECIÓ que al tercer día se vistió Esther su vestido real, y púsose en el patio de adentro de la casa del rey, enfrente del aposento del rey: y estaba el rey sentado en su solio regio en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento.
2Y fué que, como vió á la reina Esther que estaba en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos; y el rey extendió á Esther el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces se llegó Esther, y tocó la punta del cetro.
La escena entera cabe en dos versículos, y el texto no describe lo que ella sintió. La narración de Ester es así todo el tiempo: registra lo que se hace y lo que se dice, y deja la vida interior de los personajes fuera del cuadro.
3Entonces la reina Esther respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.
4Porque vendidos estamos yo y mi pueblo, para ser destruídos, para ser muertos y exterminados. Y si para siervos y siervas fuéramos vendidos, callárame, bien que el enemigo no compensara el daño del rey.
El argumento es jurídico y económico antes que moral: observa que, si solo los estuvieran vendiendo como esclavos, ella habría callado. Lo insoportable es el exterminio, y lo presenta como perjuicio que recae sobre el propio rey.
La fiesta que quedó de la historia
Amán es ejecutado en la horca que había mandado levantar para Mardoqueo. Pero el decreto persa no podía revocarse — el propio libro insiste en ese detalle legal — y la salida es un segundo decreto que autoriza a los judíos a defenderse. Lo que sigue es una matanza, contada sin eufemismo.
El libro termina instituyendo una fiesta. Purim, el nombre, viene de la palabra usada para las suertes que Amán echó para escoger la fecha del exterminio: la fiesta lleva el nombre del sorteo que salió mal para quien lo hizo. Se celebra hasta hoy, y es la única fiesta del calendario judío instituida dentro de un libro bíblico narrativo.
20Y escribió Mardochêo estas cosas, y envió letras á todos los Judíos que estaban en todas las provincias del rey Assuero, cercanos y distantes,
21Ordenándoles que celebrasen el día décimocuarto del mes de Adar, y el décimoquinto del mismo, cada un año,
22Como días en que los Judíos tuvieron reposo de sus enemigos, y el mes que se les tornó de tristeza en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y de enviar porciones cada uno á su vecino, y dádivas á los pobres.
La instrucción de celebrar incluye una cláusula que casi nunca se recuerda: repartir porciones entre vecinos y entregar algo a los pobres. La fiesta se instituye con una obligación de redistribución incorporada.
Dos ediciones del mismo libro
Ester existe en dos tamaños, y esto no es opinión: es una diferencia material entre las Biblias que circulan. La edición que muestra esta página tiene diez capítulos. Una Biblia católica tiene dieciséis.
Los seis capítulos adicionales son los llamados añadidos griegos: la oración de Mardoqueo, la oración de Ester, el texto de los decretos, un relato ampliado de su entrada en la sala del trono. Vienen de la traducción griega antigua del libro y se conservaron en la Vulgata, de donde llegaron a las ediciones católicas.
La diferencia tiene una consecuencia que interesa a cualquier lector, y es la razón de este párrafo: es precisamente en esos añadidos donde se nombra a Dios. En los diez capítulos comunes a ambas ediciones — es decir, en todo el libro tal como aparece en esta página — no aparece ni una vez.
Lo que el texto no dice
Los personajes bíblicos acumulan capas de tradición que la Escritura no sostiene. Separar ambas cosas no reduce la historia: le devuelve lo que de verdad está escrito.
Lo que se suele decir
Ester oró y confió en Dios antes de entrar en la sala del trono, como haría cualquier heroína bíblica.
Lo que trae la Escritura
En esta edición, el libro de Ester no contiene el nombre de Dios en ningún versículo de sus diez capítulos. Ester convoca un ayuno y pide que ayunen por ella, y ni siquiera allí el texto dice a quién se dirige. Es el único libro de la Biblia hebrea de esta extensión en el que eso ocurre.
Lo que se suele decir
Ester fue escogida reina en un concurso de belleza.
Lo que trae la Escritura
El capítulo dos describe muchachas reunidas por orden real y llevadas al palacio, con un largo período de preparación antes de ser presentadas al rey. El texto no registra consentimiento de ninguna de ellas ni posibilidad de negarse. Llamarlo concurso describe el resultado y borra el procedimiento.
Lo que se suele decir
Ester fue valiente desde el principio.
Lo que trae la Escritura
Su primera reacción ante la petición de Mardoqueo es explicar por qué no puede ayudar: la ley prevé la muerte para quien entra sin ser convocado, y a ella no la llaman desde hace un mes. El valor aparece después de la negativa, y eso es lo que hace funcionar la escena.
Lo que se suele decir
Mardoqueo era el tío de Ester.
Lo que trae la Escritura
Depende de la edición. Esta dice que él crió a la hija de un tío suyo, lo que los hace primos. Las ediciones que siguen la Vulgata dicen que crió a la hija de un hermano, lo que lo convierte en tío de ella. Vale la pena mirar el versículo en la propia Biblia antes de repetir el parentesco.
Dónde aparece esta persona
7Y había criado á Hadassa, que es Esther, hija de su tío, porque no tenía padre ni madre; y era moza de hermosa forma y de buen parecer; y como su padre y su madre murieron, Mardochêo la había tomado por hija suya.
La presentación de Ester: huérfana de ambos padres, criada por un pariente del palacio, y con dos nombres — el hebreo y el persa.
14Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?
El recado de Mardoqueo, con la advertencia y la pregunta que la deciden. Es el pasaje más citado del libro y el que más a menudo se cita a medias.
16Ve, y junta á todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme á la ley; y si perezco, que perezca.
Su respuesta, en forma de orden: ayuno de tres días y luego la entrada en la sala del trono contra la ley.
3Entonces la reina Esther respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.
4Porque vendidos estamos yo y mi pueblo, para ser destruídos, para ser muertos y exterminados. Y si para siervos y siervas fuéramos vendidos, callárame, bien que el enemigo no compensara el daño del rey.
La denuncia, hecha en la mesa, delante del propio Amán. Ester pide primero su vida y después la de su pueblo.
20Y escribió Mardochêo estas cosas, y envió letras á todos los Judíos que estaban en todas las provincias del rey Assuero, cercanos y distantes,
21Ordenándoles que celebrasen el día décimocuarto del mes de Adar, y el décimoquinto del mismo, cada un año,
22Como días en que los Judíos tuvieron reposo de sus enemigos, y el mes que se les tornó de tristeza en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y de enviar porciones cada uno á su vecino, y dádivas á los pobres.
La institución de Purim, con la obligación de repartir porciones y de dar algo a los pobres.