¿Quién fue Abraham?
Cuándo vivió Situado en el segundo milenio a.C., en el período de los patriarcas
En resumen
Abraham es el primero de los patriarcas de Israel. El libro del Génesis lo presenta saliendo de su tierra por un llamado, recibiendo la promesa de una descendencia que no veía llegar, engendrando un hijo con la sierva Agar, recibiendo a Isaac en la vejez y siendo llevado a un monte para sacrificarlo.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
- Publicado el
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Abraham es reconocido como figura fundadora por judíos, cristianos y musulmanes, lo que probablemente lo convierte en el personaje más compartido de la historia religiosa. Cada una de las tres tradiciones lo lee de un modo, y cada una agregó historias que el Génesis no cuenta. Esta página se queda con lo que está en el Génesis.
Y lo que está allí es bastante más irregular de lo que sugiere su reputación. El hombre al que la tradición llama padre de los creyentes pasa media narrativa intentando resolver por su cuenta una promesa que tardaba, y la otra media descubriendo que eso no funciona.
El llamado y la salida
La orden que abre la historia de Abram está escalonada a propósito: salir de la tierra, después de la parentela, después de la casa del padre. Es una secuencia que va de lo más amplio a lo más íntimo, y el destino no se informa — lo sabrá cuando llegue.
El texto registra su edad al partir: setenta y cinco años. No es el comienzo de una juventud aventurera; es alguien que deja atrás una vida entera ya construida. Se lleva a su mujer, a su sobrino y lo que poseía.
Poco después de la llegada, un hambre empuja al grupo hacia Egipto, y allí ocurre el primer episodio incómodo: por miedo a que lo maten a causa de la belleza de Sarai, Abram le pide que se presente como hermana suya. La maniobra funciona desde el punto de vista de la supervivencia y coloca a su mujer en una casa que no era la suya. El narrador cuenta y no comenta — y vuelve a contarlo, casi igual, algunos capítulos más adelante.
11Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo á Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer hermosa de vista;
12Y será que cuando te habrán visto los Egipcios, dirán: Su mujer es: y me matarán á mí, y á ti te reservarán la vida.
13Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti.
El pedido hecho a Sarai, con el cálculo dicho en voz alta. Vale leerlo sin apurar la explicación: el texto no lo presenta como falla ni como astucia loable, apenas lo registra.
La promesa, y veinticinco años de espera
La promesa de descendencia se repite varias veces, y en cada repetición la edad de la pareja vuelve la cosa más improbable. En el capítulo 15 gana su imagen más conocida: Abram es llevado afuera e invitado a contar las estrellas.
La frase que viene enseguida — que creyó, y eso le fue contado a favor — se volvió uno de los versículos del Antiguo Testamento más citados en el Nuevo. Pablo lo usa en Romanos y en Gálatas para argumentar sobre la fe; la carta de Santiago lo usa para argumentar sobre las obras. Los dos están leyendo el mismo versículo, y conviene saberlo antes de elegir bando.
Entre la promesa y el nacimiento de Isaac pasan veinticinco años. Ese intervalo explica casi todo lo discutible que hace Abraham.
5Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente.
6Y creyó á Jehová, y contóselo por justicia.
La escena y la frase. Repare en que el texto no describe ninguna emoción: registra el gesto de salir afuera, la invitación a contar, la promesa y, en la frase siguiente, la respuesta interior. La economía es típica del Génesis.
Agar e Ismael
Después de diez años en Canaán sin hijos, la solución viene de Sarai: Abram debe engendrar un heredero con la sierva egipcia Agar. Era un arreglo jurídico conocido en el mundo antiguo, y el texto lo narra en términos administrativos.
Lo que ocurre después no es administrativo. Agar queda embarazada y empieza a mirar con desprecio a su señora; Sarai la maltrata; Agar huye al desierto embarazada. Es allí, sola, donde recibe una promesa propia y hace algo que nadie más hace en el Génesis: le da un nombre a Dios.
Ismael nace y se cría en la casa. Años después, con Isaac ya nacido, madre e hijo son enviados lejos — y el texto vuelve a seguirlos en el desierto, señal de que la narrativa no los trata como un desvío que conviene olvidar.
1Y SARAI, mujer de Abram, no le paría: y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.
2Dijo, pues, Sarai á Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril: ruégote que entres á mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al dicho de Sarai.
3Y Sarai, mujer de Abram, tomó á Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla á Abram su marido por mujer.
4Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vió que había concebido, miraba con desprecio á su señora.
La propuesta, la aceptación y la consecuencia inmediata, en cuatro versículos. Note quién habla: la iniciativa es de Sarai, la decisión es suya, y a Agar no se la consulta en ningún momento.
La risa
En el capítulo 17 la alianza se formaliza y los nombres cambian: Abram pasa a Abraham, Sarai pasa a Sara. Es aquí, y no después de ninguna prueba, donde ocurre el cambio de nombre.
Y es aquí donde él se ríe. Al oír que tendrá un hijo de Sara, Abraham cae con el rostro en tierra — y, así postrado, se ríe y hace las cuentas por lo bajo: cien años y noventa años. En el capítulo siguiente, junto a la tienda, Sara se ríe de la misma promesa, y el texto guarda las dos risas. El nombre del hijo, Isaac, está construido sobre la palabra hebrea para reír.
17Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, ya de noventa años, ha de parir?
La risa de Abraham, y el cálculo aritmético que viene con ella. El gesto de reverencia y la incredulidad ocurren en el mismo versículo, lo que es un retrato bastante más complejo de lo que "padre de la fe" suele sugerir.
El regateo por Sodoma
La escena de Abraham ante Sodoma es la más extraña del personaje, y la más moderna. No pide, no implora, no se resigna: negocia. Empieza en cincuenta justos y baja, de diez en diez y después de cinco en cinco, hasta diez.
El argumento que usa no es sentimental. Es jurídico, y lleva una acusación dentro: ¿sería compatible con la justicia destruir al inocente junto con el culpable? La pregunta se le hace a Dios, sobre Dios, y el texto no la reprende. Guarde esa escena: es la licencia más explícita que da el Antiguo Testamento para discutir con Dios desde una objeción moral.
22Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová.
23Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?
24Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él?
25Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
26Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos.
La apertura de la negociación. Vale seguir el capítulo hasta el final para ver el descenso completo de los números — y notar que quien interrumpe el regateo es Abraham, no su interlocutor.
El monte
El capítulo 22 es el texto más difícil de la historia de Abraham, y uno de los más difíciles de toda la Biblia. La orden se da sin explicación: llevar al hijo único, el amado, a la tierra de Moriah, y ofrecerlo allí.
La narrativa está construida sobre el silencio. Abraham no discute — el mismo hombre que regateó por una ciudad de desconocidos no dice una palabra por su propio hijo. El viaje dura tres días. Isaac carga la leña y hace la única pregunta de la escena, que es por el cordero que falta. La respuesta del padre sigue siendo ambigua hasta hoy.
La orden se interrumpe en el último momento, y el motivo declarado es que el temor de Abraham quedó demostrado. Nada en el texto explica por qué hacía falta demostrarlo. Judíos, cristianos y musulmanes leen este pasaje de formas distintas desde hace siglos, y ninguna de las lecturas vuelve cómodo el capítulo — lo cual quizá sea el punto.
Después de eso, el Génesis narra la muerte de Sara, la compra de una sepultura, el casamiento de Isaac y, por fin, la muerte de Abraham. El entierro lo hacen Isaac e Ismael juntos, y es la última vez que los dos aparecen uno al lado del otro.
1Y ACONTECIÓ después de estas cosas, que tentó Dios á Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
La orden, con tres calificaciones apiladas sobre la palabra "hijo" — único, y amado, y nombrado. El texto acumula los términos a propósito, y el efecto es volver la frase más pesada con cada palabra.
6Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
7Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
8Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
La subida, con Isaac cargando la leña y haciendo su pregunta. La repetición de la frase sobre los dos yendo juntos, antes y después del diálogo, es un recurso del narrador para marcar lo que cuesta ese silencio.
Lo que el texto no dice
Los personajes bíblicos acumulan capas de tradición que la Escritura no sostiene. Separar ambas cosas no reduce la historia: le devuelve lo que de verdad está escrito.
Lo que se suele decir
Abraham rompió los ídolos de la tienda de su padre antes de salir de Ur.
Lo que trae la Escritura
El Génesis no cuenta nada de eso. Lo primero que el texto dice sobre él es genealógico, y lo segundo es la orden de partir. No hay episodio de infancia, ni de conversión, ni de enfrentamiento con la religión familiar.
De dónde viene: La historia viene de la tradición interpretativa judía — aparece en el Bereshit Rabbá, colección de comentarios rabínicos al Génesis — y se cuenta también en el Corán. Llegó a la predicación cristiana por ese camino y hoy se repite como si fuera bíblica.
Lo que se suele decir
Abraham es el modelo de la fe que nunca vacila.
Lo que trae la Escritura
El mismo texto que registra su confianza registra la risa ante la promesa, dos ocasiones en que presenta a su esposa como hermana para protegerse, y la decisión de engendrar un heredero con la sierva en vez de seguir esperando. El Génesis no esconde nada de eso, y la lectura que hace de él un hombre sin oscilaciones necesita ignorar capítulos enteros.
Lo que se suele decir
Isaac era un niño pequeño cuando fue llevado al monte.
Lo que trae la Escritura
El texto no informa su edad en ningún momento. Lo que sí informa es que Isaac cargó la leña del sacrificio monte arriba, lo que describe a alguien con fuerza para hacerlo, y que conversó con su padre durante la subida. La edad que aparece en las ilustraciones es elección del ilustrador.
Lo que se suele decir
Dios cambió el nombre de Abram por Abraham como recompensa por haber pasado la prueba del monte.
Lo que trae la Escritura
El cambio de nombre ocurre en el capítulo 17, cinco capítulos antes del episodio del monte, y está ligado a la alianza y a la promesa de descendencia — no a ninguna prueba superada. Lo mismo vale para Sarai, que se vuelve Sara en el mismo pasaje.
Dónde aparece esta persona
1EMPERO Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré;
2Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición:
3Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
4Y fuése Abram, como Jehová le dijo; y fué con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.
El llamado y la salida, con la edad registrada al final del tramo. La orden se abre en tres círculos concéntricos — tierra, parentela, casa —, y el destino permanece abierto hasta el último momento.
5Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente.
6Y creyó á Jehová, y contóselo por justicia.
Las estrellas y la frase sobre la fe contada como justicia. Es el versículo que el Nuevo Testamento más retoma cuando discute a Abraham, y conviene leerlo aquí, en su contexto original, antes de encontrarlo citado en Pablo o en Santiago.
4Yo, he aquí mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de gentes:
5Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
La alianza y el cambio de nombre, en el mismo aliento. El nombre nuevo no describe lo que él es en ese momento — todavía no tiene hijo de su esposa — sino lo que fue prometido, lo que convierte el nombre en un recordatorio diario de la espera.
10Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo.
11Entonces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
12Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único.
La interrupción, en el último gesto posible. Note que el motivo declarado mira hacia atrás, hacia lo que quedó demostrado, y no ofrece ninguna justificación para la orden inicial — la pregunta que tiene el lector sigue sin respuesta en el texto.
7Y estos fueron los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.
8Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días, y fué unido á su pueblo.
9Y sepultáronlo Isaac é Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Ephrón, hijo de Zoar Hetheo, que está enfrente de Mamre;
La muerte y el entierro. El detalle que suele pasar inadvertido es que los dos hijos entierran juntos al padre, a pesar de todo lo que el Génesis narró entre ellos.