Oración para perdonar a alguien
La oración
Señor, todavía no puedo. Pero vine, y venir ya es algo.
Sácame el nombre de esa persona del lugar donde vive en mí, que es justo detrás de los ojos, todo el día.
No me pidas que diga que no fue nada. Sí fue. Tú lo viste.
Suelta a los dos: a ella, de la cuenta que le sigo cobrando; a mí, del día en que aquello pasó.
Y si el camino de vuelta no es seguro, que yo perdone de lejos — y sin culpa por eso.
Amén.
En resumen
Esta es una oración para perdonar a alguien, escrita para este sitio y firmada. Perdonar no es reconciliarse, no es fingir que no dolió y no obliga a nadie a volver. La oración pide soltar a los dos y permite perdonar de lejos, sin culpa por mantener distancia.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
- Publicado el
- Tiempo de lectura
- 6 min de lectura
Cuándo rezarla
Los días en que el recuerdo vuelve solo y te descubres discutiendo otra vez dentro de tu propia cabeza. También antes de ver a la persona, si el encuentro es inevitable.
Perdonar no es las cuatro cosas con las que suele confundirse. No es decir que no dolió — la tercera estrofa existe justamente para bloquear esa lectura. No es olvidar, porque la memoria no obedece decisiones. No es renunciar a las consecuencias, incluidas las legales: un delito sigue siendo un delito después de perdonado, y denunciar no es venganza. Y no es retomar la convivencia.
Esta última confusión es la más cara. Perdonar depende de ti y se puede hacer a solas; reconciliarse depende de dos personas, de un arrepentimiento real y de que la relación haya vuelto a ser segura. Cuando se tratan como lo mismo, el resultado práctico es que se le exige a la persona herida que vuelva a ponerse al alcance de quien la hirió — y si se niega, todavía se insinúa que no perdonó de verdad. Nada en la Escritura pide eso. Romanos 12:18 pide paz “si se puede hacer” y “en cuanto está en vosotros”, con las dos salvedades escritas.
La oración tampoco tiene plazo. El perdón profundo de algo grave suele ocurrir por capas y a lo largo de años: la persona perdona, cree que terminó, y un aniversario cualquiera lo trae todo de vuelta. Eso no significa que el perdón anterior fuera falso; significa que la herida era grande. Volver a rezar por lo mismo no es señal de fracaso: es la forma normal que tiene este trabajo.
Una advertencia sobre la prisa. Si fuiste víctima de violencia, de abuso o de una traición grave, es común que aparezca alguien — a veces de la propia iglesia — diciéndote que tienes que perdonar rápido y seguir adelante. Nadie tiene autoridad para ponerte esa fecha, y el perdón apresurado suele ser represión con un nombre bonito. Si el recuerdo está afectando tu sueño, tu trabajo o tus relaciones, eso no se resuelve solo rezando: buscar a un profesional es parte legítima del camino, y rezar no sustituye ese cuidado.
De dónde viene esta oración
Cuándo surgió Escrita para Llama de Fe en 2026
El perdón aparece en la oración más rezada del cristianismo, y aparece de un modo incómodo: en el Padrenuestro, el perdón que se pide viene medido por el perdón que se da. Ese vínculo atraviesa los evangelios — Marcos 11:25 lo repite en una sola frase — y es la razón de que el tema vuelva tanto en la vida devocional de quien fue herido por alguien.
Esta oración se escribió para este sitio y por eso va firmada. Nació de un problema editorial concreto: casi todo el material devocional sobre el perdón trata perdonar y reconciliarse como la misma operación. No lo son. Perdonar ocurre dentro de quien fue herido y no depende del otro; reconciliarse es retomar una relación, depende de los dos y depende, sobre todo, de que la relación sea segura.
La Escritura sostiene la distinción con más claridad de la que la predicación suele admitir. Lucas 17:3 empieza la instrucción sobre perdonar mandando reprender antes. Romanos 12:18 pide paz con todos y matiza el pedido dos veces: si se puede hacer, y en cuanto está en ti. Las dos salvedades están en el texto; ninguna la inventó una sensibilidad moderna.
Detalles poco conocidos
“Setenta veces siete” responde a una fanfarronada de venganza del principio de la Biblia
La instrucción de Jesús sobre perdonar empieza con la palabra “repréndele”
Qué dicen los pasajes
21Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?
22Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
Pedro propone un techo generoso para la época y Jesús destruye la idea misma de techo. Conviene leer el número como negativa a llevar contabilidad, y no como cuota: quien está contando las veces que perdonó todavía tiene el libro de cuentas abierto.
3Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
4Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.
La instrucción tiene tres tiempos — reprender, arrepentimiento, perdón — y la mayor parte de la predicación sobre el tema se salta el primero. El texto no pide silencio sobre la ofensa; pide que el perdón esté disponible cuando aparezca el arrepentimiento.
17No paguéis á nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
18Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.
19No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.
El pasaje hace dos cosas a la vez: prohíbe la venganza personal y admite que la paz no siempre es posible. Las dos matizaciones del versículo 18 — si se puede hacer, en cuanto está en vosotros — son la base bíblica más directa para decir que perdonar no obliga a volver.
31Toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia:
32Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
La lista de lo que debe salir es larga y específica: amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia. No es un pedido de amnesia, sino de desmontar lo que la ofensa instaló en quien la sufrió, que es exactamente lo que pide la segunda estrofa de esta oración.
19Y respondióles José: No temáis: ¿estoy yo en lugar de Dios?
20Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida á mucho pueblo.
21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré á vosotros y á vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
La escena de perdón más completa del Antiguo Testamento, y José no finge nada: les dice a sus hermanos que ellos pensaron mal contra él. Nombra lo que se hizo, rechaza el papel de juez y sostiene a los que lo vendieron. Perdonar allí no incluyó reescribir la historia.