Oración antes de leer la Biblia
La oración
Señor, voy a abrir la Biblia ahora.
No me dejes leer solo para cumplir.
Que entienda lo que hoy se pueda entender, y que aguante no entender el resto.
Y si el texto dice algo que yo no vine acá a escuchar, dame coraje para escucharlo igual.
Amén.
En resumen
Esta es una oración corta para rezar antes de abrir la Biblia, escrita para este sitio y firmada. Pide entender lo que hoy se pueda entender, paciencia con el resto y coraje para escuchar lo que uno no vino a buscar. Debajo, la tradición de la lectio divina.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
- Publicado el
- Tiempo de lectura
- 5 min de lectura
Cuándo rezarla
Con la Biblia ya abierta y antes de la primera línea. Son diez segundos, y sirven tanto para la lectura diaria como para un estudio más largo.
Hay dos maneras de que la lectura de la Biblia salga mal, y esta oración responde a las dos. La primera es leer para cumplir: el capítulo del día tachado de la lista, los ojos pasando por las líneas, nada quedando. La segunda es la opuesta y más sutil — trabarse en el primer pasaje difícil y concluir que el libro no es para uno. La oración pide entendimiento en lo que se pueda y paciencia con el resto porque las dos cosas ocurren en la misma lectura, casi siempre en la misma página.
Vale decir con franqueza que no entender parte de lo que se lee es normal y permanente. La Biblia es una biblioteca escrita a lo largo de más de mil años, en tres idiomas, por gente con presupuestos culturales que no son los nuestros. Quien lee Levítico por primera vez sin extrañarse no está prestando atención. Quedarse con una pregunta abierta no es falla de fe: es el estado normal de cualquier lector serio, y la alternativa suele ser inventar una respuesta.
Sobre el último pedido, el ejemplo práctico es el más incómodo posible. Prácticamente toda persona que lee la Escritura con regularidad encuentra, tarde o temprano, un texto que le reclama algo que no pensaba cambiar. Santiago compara a quien escucha y no practica con alguien que se mira al espejo y se olvida de su propia cara al darse vuelta. Es una imagen cómica y desagradable, y es exactamente el riesgo de leer bien sin cambiar nada.
De dónde viene esta oración
Cuándo surgió Escrita para Llama de Fe en 2026
La lectura orante de la Escritura es práctica monástica antigua y tiene nombre: lectio divina. Tomó forma esquemática en el siglo XII, cuando Guigo II, prior cartujo, escribió la Scala Claustralium y ordenó el movimiento en cuatro peldaños — leer, meditar, orar y contemplar. La práctica es anterior a él; la escalera es suya. Por eso la lectio divina empieza y termina en oración, con la lectura en el medio.
En el mundo hispano hay un dato de contexto que conviene no esquivar: durante siglos la lectura personal de la Biblia por parte de laicos fue poco frecuente y estuvo desalentada, en buena medida por las restricciones a las traducciones en lengua vulgar surgidas de las controversias del siglo XVI. Eso cambió en el siglo XX, con Divino Afflante Spiritu en 1943 y sobre todo con Dei Verbum en 1965, que impulsaron el acceso amplio a la Escritura. La costumbre de rezar antes de leer es, para muchas familias hispanohablantes, más nueva de lo que parece.
Esta oración se escribió para este sitio y por eso va firmada. Es corta porque compite con la propia lectura, y nadie que abrió la Biblia quiere rezar diez minutos antes de leer. Lo único que hace es poner al lector en la posición correcta: quien lee la Escritura está escuchando a alguien, y escuchar es una disposición, no una técnica.
Detalles poco conocidos
Los cuatro peldaños de la lectio divina los numeró un cartujo del siglo XII
La escena bíblica que mejor describe leer sin entender termina en un pedido de ayuda
Qué dicen los pasajes
18Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.
El pedido supone que el problema está en los ojos de quien lee y no en la claridad del texto. Es el versículo que mejor resume la posición de quien abre la Escritura: la maravilla ya está ahí, lo que falta es verla.
30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?
31Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.
La respuesta del funcionario etíope es el modelo de honestidad de lector que esta página propone. No finge entender, y el texto trata eso como el comienzo correcto — la explicación llega después de la admisión, no antes.
45Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras;
El verbo es el mismo que se usa para abrir puertas, y el objeto no es el texto: es el entendimiento de quien escucha. La escena funciona como corrección de rumbo para quien cree que entender la Biblia es solo cuestión de estudiar más.
22Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos.
23Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
24Porque él se consideró á sí mismo, y se fué, y luego se olvidó qué tal era.
25Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.
La imagen del espejo es la más concreta del Nuevo Testamento sobre la lectura. Conviene notar que el reproche no va dirigido a quien lee poco, sino a quien lee, ve y sale igual — lo que solo es posible para alguien que estaba prestando atención.