Saltar al contenido

¿Qué es el infierno?

Respuesta rápida

Infierno, en la Biblia, es la perdición definitiva que 2 Tesalonicenses 1:9 llama eterna. El Nuevo Testamento la retrata con imágenes de fuego (Marcos 9:43-48), de tinieblas (Mateo 8:12) y de muerte segunda (Apocalipsis 20:14-15). Si esas imágenes son descripción literal o lenguaje figurado es punto en que los cristianos divergen.

Publicado el
Tiempo de lectura
5 min de lectura

Antes de discutir qué es, conviene separar qué traduce la palabra. En español, una sola palabra cubre cosas distintas en el original. Seol, en el Antiguo Testamento, y Hades, en el Nuevo, nombran el mundo de los muertos — adonde van todos, sin juicio incorporado; es lo que aparece en la historia del rico y Lázaro, en Lucas 16. Gehenna es otra cosa: era un valle en las afueras de Jerusalén, con un pasado sombrío, y es la imagen que Jesús usa cuando habla de condenación. Y el lago de fuego es vocabulario del Apocalipsis, ligado al juicio final.

En esta edición el problema se ve a simple vista, y conviene aprovecharlo. La Reina-Valera vierte «el infierno» tanto donde el original dice Hades — Lucas 16:23, Apocalipsis 20:14 — como donde dice Gehenna, en Mateo 10:28; y en Marcos 9 deja la palabra Gehenna sin traducir. Tres realidades distintas y una sola palabra castellana para casi todas: buena parte de las discusiones acaloradas sobre el tema es, en realidad, gente usando un término para cosas que el original separaba.

Hecha la separación, queda lo que los textos afirman sin disputa entre las tradiciones. Es una posibilidad real, y Jesús habla de ella más veces que cualquier otra figura del Nuevo Testamento — no es invención medieval. Es definitiva, y no correctiva. Y lo que la define no es la temperatura: 2 Tesalonicenses 1:9 describe el desenlace sin ninguna imagen, como perdición eterna. Perder aquello para lo que la persona fue hecha es el contenido de la palabra.

La divergencia empieza en el estatuto de las imágenes, y atraviesa a católicos y evangélicos por dentro — hay defensores de las dos lecturas en los dos grupos. De un lado, quien entiende que fuego, gusano y crujir de dientes describen la realidad y que suavizarlos vacía un aviso que Jesús repitió tres veces seguidas en Marcos 9. Del otro, quien observa que el mismo Evangelio describe el mismo destino como fuego y como tinieblas de afuera, y que las dos cosas no pueden ser literales al mismo tiempo — luego, son lenguaje para una pérdida que ninguna descripción alcanza.

Existe además una tercera lectura, minoritaria pero antigua, presente también en los dos grupos: la de que el fin de los que se pierden es la destrucción, y no un tormento sin fin. Se apoya en el verbo de Mateo 10:28, que habla de destruir alma y cuerpo, y en la expresión «muerte segunda», del Apocalipsis. Las Iglesias que la sostienen son pocas; ignorar que existe sería darle al lector una respuesta que descubrirá incompleta.

Sobre una cosa no hay divergencia alguna, y suele ser la que de verdad aflige a quien busca: ninguna tradición cristiana afirma saber el destino de una persona en particular. No existe lista, no existe declaración con nombre y apellidos. El juicio se atribuye a Dios en todos los textos que lo mencionan, y quien sentencia a alguien por su nombre está hablando por cuenta propia.

Qué dicen los pasajes

Lucas 16:22-23

22Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.

23Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.

Traducción: Reina-Valera

Aquí la palabra del original es Hades, el mundo de los muertos, y no Gehenna — los dos personajes mueren y los dos van allá. Esta edición traduce «el infierno», que es exactamente el punto: la misma palabra castellana servirá después para otra realidad distinta.

Marcos 9:43-48

43Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;

44Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.

45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;

46Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna;

48Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Traducción: Reina-Valera

El pasaje más duro del tema, y el más repetido: la misma advertencia tres veces, con el mismo estribillo sobre el gusano y el fuego. Esta edición conserva aquí la palabra Gehenna sin traducir. La imagen del gusano y del fuego viene de Isaías 66:24, y el valle de Gehenna era un lugar que los oyentes conocían de vista — lo que hace la frase concreta para ellos antes de ser doctrinal para nosotros.

Mateo 8:12

12Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

Traducción: Reina-Valera

El mismo destino aparece aquí como tinieblas de afuera, y no como fuego. Es el dato que sostiene la lectura figurada: fuego y tinieblas no describen la misma habitación, y el Evangelio usa los dos sin explicarse.

Mateo 10:28

28Y no temáis á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Traducción: Reina-Valera

El verbo es destruir, aplicado a alma y cuerpo. Quien lee el infierno como tormento sin fin entiende la destrucción como pérdida irreversible de la vida verdadera; quien lo lee como aniquilación lo entiende al pie de la letra. El versículo es el mismo, y las dos lecturas salen de él.

2 Tesalonicenses 1:9

9Los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia,

Traducción: Reina-Valera

La afirmación sin metáfora: perdición eterna. Conviene saber que la preposición griega que sigue admite dos lecturas y que las ediciones se reparten entre ellas — esta traduce que la perdición viene de la presencia y de la gloria del Señor, mientras otras entienden que consiste en quedar apartado de ellas. Las dos lecturas de la nota de abajo aceptan el versículo sin reservas; lo que discuten es qué añaden las imágenes.

Apocalipsis 20:14-15

14Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

15Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego.

Traducción: Reina-Valera

Fíjate en lo que es lanzado primero: la propia muerte y el mundo de los muertos, que esta edición también llama «el infierno». Antes de ser destino de personas, el lago de fuego es, en el texto, el fin de las cosas que matan. Y la expresión «muerte segunda» es la que alimenta la lectura minoritaria citada arriba.

Lee también