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¿Quién fue Job?

Cuándo vivió El libro no sitúa la historia en ningún reinado; el escenario es patriarcal y la composición suele fecharse entre los siglos VI y IV a.C.

En resumen

Job es el protagonista del libro que lleva su nombre: un hombre íntegro que pierde hijos, bienes y salud sin que el texto le dé explicación alguna. Protesta capítulo tras capítulo, y al final Dios aprueba justamente a quien protestó y reprende a los tres amigos que explicaron el sufrimiento.

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La versión de Job que circula es corta: un hombre muy rico lo perdió todo, aguantó callado, y al final Dios le devolvió el doble. Esa versión existe en el libro — es el primer capítulo y el último. Entre uno y otro hay treinta y nueve capítulos de poesía en los que Job acusa a Dios de perseguirlo, llama a sus amigos médicos que no curan nada y exige un juicio.

El libro es difícil por un motivo que rara vez se dice en voz alta: lleva al lector hasta el final sin responder la pregunta con la que abrió. Dios habla, y lo que dice no es una explicación. Conviene leerlo sabiéndolo desde el principio, porque el texto no guarda ninguna respuesta escondida para el último capítulo — y es justamente esa negativa la que lo convierte en el libro al que se manda a quien está frente a un sufrimiento sin sentido.

El hombre, y la escena que nunca va a ver

La apertura presenta a un hombre de la tierra de Hus, íntegro, temeroso de Dios, con diez hijos y un patrimonio enorme de rebaños y criados. Es cuidadoso hasta el punto de ofrecer sacrificios por sus hijos por precaución, por si alguno hubiera pecado sin darse cuenta. Nada en ese retrato sugiere a alguien que merezca lo que viene después, y el texto se encarga de decirlo antes de que ocurra nada.

Enseguida la narración cambia de lugar y lleva al lector a una escena celeste. Una figura llamada en hebreo ha-satán, «el adversario», se presenta ante Dios y levanta una sospecha: Job teme a Dios solo porque ha sido protegido y enriquecido. Quita la protección y maldecirá. Lo que sigue ocurre con permiso, en dos rondas — primero los bienes y los hijos, después el cuerpo.

Aquí está la decisión narrativa más importante del libro, y suele pasar desapercibida. El lector conoce la escena celeste. Job no, y nunca la conocerá: esa conversación no se menciona ni una sola vez en los discursos siguientes, ni siquiera cuando Dios por fin habla. Todo lo que Job dice en los cuarenta capítulos siguientes lo dice alguien sin acceso a la información que el lector ya tiene.

Job 1:1-3

1HUBO un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal.

2Y naciéronle siete hijos y tres hijas.

3Y su hacienda era siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y muchísimos criados: y era aquel varón grande más que todos los Orientales.

Traducción: Reina-Valera

La presentación viene antes de cualquier desgracia, y eso es lo que arma el problema del libro. Si el texto hubiera dejado su integridad en duda, el sufrimiento habría tenido una explicación posible; al afirmarla de entrada, el narrador cierra esa puerta a propósito.

Siete días en silencio, y después la maldición

Tres amigos — Elifaz, Bildad y Sofar — acuerdan ir a verlo. Llegan, no lo reconocen de lejos, lloran, rasgan sus mantos y se sientan en el suelo con él siete días y siete noches sin decir una palabra, al ver que aquel dolor era enorme. Es el tramo mejor comportado de todo el libro, y el único en el que los tres aciertan.

Quien rompe el silencio es Job, y no con resignación. El capítulo 3 es una maldición contra el día en que nació: que ese día se apague, que Dios no lo mire, que la oscuridad lo cubra. No hay aquí aceptación alguna — hay alguien pidiendo que su propia existencia sea deshecha, y el libro lo registra sin ningún comentario reprobador del narrador.

A partir de ahí el libro cambia de forma. Lo que era prosa se vuelve poesía, y la poesía dura casi hasta el final. Es en ella donde Job dice que quiere hablar directamente con el Todopoderoso y presentar su causa — no pedir clemencia, sino discutir. No abandona la fe en Dios; lleva a Dios a juicio, que es algo muy distinto y bastante más incómodo.

Job 2:11-13

11Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle.

12Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.

13Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

Traducción: Reina-Valera

Lo único que los amigos hacen bien en todo el libro está aquí: se quedan, y se quedan callados. Conviene leer este tramo antes de sus discursos, porque es la medida con la que se juzga todo lo que viene después.

Job 3:1-4

1DESPUÉS de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.

2Y exclamó Job, y dijo:

3Perezca el día en que yo nací, y la noche que se dijo: Varón es concebido.

4Sea aquel día sombrío, y Dios no cuide de él desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca.

Traducción: Reina-Valera

El comienzo de la protesta. Fíjate en que el blanco no es la enfermedad ni los enemigos: es el propio día del nacimiento. Un libro que llegó hasta nosotros con esta página dentro no está pidiendo que nadie finja estar bien.

Job 13:3

3Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría razonar con Dios.

Traducción: Reina-Valera

No quiere consuelo de sus amigos: quiere llevar la causa directamente a Dios y argumentar. Es la posición que el final del libro va a aprobar, y la que suena más irreverente mientras se lee.

El argumento de los amigos, que suena piadoso

Los tres hablan por rondas, con variaciones de tono, pero todos sostienen la misma tesis: Dios es justo, el mundo funciona por retribución, luego quien sufre así hizo algo. Como Job insiste en su inocencia, los argumentos se van endureciendo hasta volverse acusación — al final, Elifaz llega a enumerar pecados concretos que Job habría cometido, sin más base que la deducción.

Importa ver qué son esos discursos. No son groserías de gente mala. Son teología correcta a medias, dicha con reverencia, llena de frases sobre la grandeza y la justicia de Dios, y varias de ellas podrían recortarse y predicarse hoy sin que nadie se extrañara. El libro es implacable justamente con ese tipo de discurso.

Y el efecto práctico de los tres es el que cualquier persona en duelo reconoce: convierten el dolor de Job en un problema que resolver y su propia presencia en una exigencia. Cuanto más explican, menos sirven. Ninguno de los tres vuelve a sentarse en silencio.

Dios responde, y no responde

Después de los amigos y de un cuarto interlocutor, Eliú, Dios por fin habla — desde un torbellino, y en forma de interrogatorio. ¿Dónde estaba Job cuando la tierra recibió sus cimientos? ¿Quién decidió su tamaño? A partir de ahí vienen dos capítulos y medio de preguntas sobre la creación: las estrellas, el mar, la lluvia en un desierto donde no vive nadie, el caballo, el avestruz, el hipopótamo y el cocodrilo.

Nada en esos discursos toca el asunto. Dios no menciona la escena del primer capítulo, no explica la pérdida de los hijos, no ofrece compensación y no pide disculpas. Tampoco repite el argumento de los amigos: en ningún momento dice que Job sufriera por algún pecado. Lo que hace es ampliar el mundo hasta que la pregunta de Job aparezca dentro de una escala que no cabe en la cabeza de nadie.

Job se da por satisfecho, y esa es otra cosa extraña del libro. Dice que antes conocía a Dios de oídas y que ahora sus ojos lo ven, y se retracta. No porque haya recibido la respuesta, sino porque recibió la presencia — y el texto trata las dos cosas como no intercambiables. Quien busca al final de Job una explicación del sufrimiento sale con las manos vacías, y está hecho así a propósito.

Job 38:1-4

1Y RESPONDIÓ Jehová á Job desde un torbellino, y dijo:

2¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?

3Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y hazme saber tú.

4¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? házmelo saber, si tienes inteligencia.

Traducción: Reina-Valera

Fíjate en el género de la respuesta: son preguntas, no afirmaciones. Dios no discute con Job ni lo corrige punto por punto — le devuelve la palabra en forma de interrogatorio sobre el mundo, y a eso el libro lo llama respuesta.

El veredicto que casi nadie cita

El libro termina con una sentencia que invierte todo lo que la lectura de escuela dominical suele sacar de él. Dios se dirige a Elifaz y le dice que su ira se encendió contra él y contra los otros dos, porque no hablaron de él lo recto — como sí lo hizo su siervo Job. Los tres tienen que llevar animales para el sacrificio y pedir que Job ore por ellos.

Conviene deletrear lo que está escrito ahí. Quien se pasó el libro entero defendiendo a Dios con argumentos bien comportados queda reprobado. Quien se pasó el libro entero acusando, reclamando y exigiendo explicación queda aprobado, y encima es nombrado intercesor por los otros. No hay manera de leer esa frase y seguir diciendo que la fe exige silencio ante el dolor.

Solo después viene el epílogo, de vuelta a la prosa: los rebaños se duplican, la familia se reúne, nacen otros hijos y Job muere viejo. Es la parte que todo el mundo recuerda, y viene en último lugar — después de que el libro ya haya dicho cuál es el veredicto, y sin ligar nunca una cosa a la otra como premio por buena conducta.

Job 42:7

7Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras á Job, Jehová dijo á Eliphaz Temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.

Traducción: Reina-Valera

La sentencia final del libro, la más citada por quien estudia el texto y la menos citada en predicación. Reprueba con nombre a los tres amigos y aprueba a Job — es decir, aprueba a quien protestó y reprueba a quien explicó.

Job 42:12-13

12Y bendijo Jehová la postrimería de Job más que su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas.

13Y tuvo siete hijos y tres hijas.

Traducción: Reina-Valera

Compara las cifras con las del primer capítulo: los rebaños son exactamente el doble, y los hijos son exactamente los mismos siete y tres. El epílogo duplica el ganado y no duplica a las personas — quien murió en el capítulo 1 no es repuesto.

Qué tipo de libro es este

Una cosa que ayuda a leer Job, y que suele omitirse por miedo a parecer irreverente: el libro tiene una forma literaria evidente, y se ve en la propia página. Prólogo y epílogo en prosa, enmarcando un núcleo entero en poesía; discursos organizados en ciclos regulares; personajes que hablan en versos largos y trabajados mientras están sentados en ceniza. Ninguna conversación real ocurre así.

Buena parte de los estudiosos, católicos y protestantes, lee el libro como composición sapiencial — una obra construida para llevar una pregunta hasta el límite, más cercana a una obra de teatro que a una crónica. No es una tesis moderna de quien quiere rebajar la Biblia: es lo que sugiere la forma del texto, y reconocerla es el mismo tipo de lectura que se hace con un proverbio o con un salmo.

Y conviene decir lo que esa lectura no hace: no cambia la pregunta del libro ni debilita la respuesta que da. Si Job fue un hombre de carne y hueso o una figura construida para llevar el argumento al extremo, la escena sigue siendo la misma — alguien inocente sufriendo, tres explicaciones religiosas fracasando, y una sentencia final que aprueba a quien reclamó.

Lo que el texto no dice

Los personajes bíblicos acumulan capas de tradición que la Escritura no sostiene. Separar ambas cosas no reduce la historia: le devuelve lo que de verdad está escrito.

  • Lo que se suele decir

    «La paciencia de Job» se volvió expresión para quien lo soporta todo callado, y la historia suele contarse como ejemplo de resignación.

    Lo que trae la Escritura

    El silencio de Job dura dos capítulos. A partir del tercero maldice el día en que nació, dice que Dios lo persigue sin causa, llama a sus amigos consoladores inútiles y exige un proceso en el que pueda presentar su defensa. Lo que el libro aprueba al final es justamente esa palabra, y no el silencio.

    De dónde viene: La expresión viene de Santiago 5:11, que menciona la perseverancia de Job, sumada a la costumbre de contar solo el prólogo y el epílogo, que son prosa breve, sin el núcleo en poesía, que es la mayor parte del libro.

  • Lo que se suele decir

    La historia se resume como un duelo entre Dios y el Diablo, con Job en medio como apuesta.

    Lo que trae la Escritura

    La figura del prólogo se llama ha-satán, «el adversario», con artículo — un título de función, no un nombre propio. Se presenta ante Dios como parte de la corte celestial, actúa solo dentro del límite que recibe y desaparece del libro después del capítulo 2, sin volver ni en el desenlace. El libro no la identifica con el Diablo del Nuevo Testamento ni discute el origen del mal.

  • Lo que se suele decir

    Al final Dios le explica a Job por qué sufrió, y Job entiende.

    Lo que trae la Escritura

    Los discursos divinos no mencionan ni una sola vez la escena del primer capítulo, y no ofrecen ninguna razón para la pérdida. Son preguntas sobre la creación. Job se retracta después de oírlas, pero el texto atribuye ese cambio a haber visto, no a haber entendido: muere sin saber por qué, y el lector termina el libro sabiendo más que el protagonista.

  • Lo que se suele decir

    Al final Dios le devolvió todo el doble, y la familia fue restaurada.

    Lo que trae la Escritura

    Las cifras del epílogo duplican los rebaños del primer capítulo, uno por uno. El número de hijos no se duplica: son siete y tres, exactamente como antes. El texto le da a Job otros hijos y no le devuelve los que murieron, y nunca llama a eso reparación.

Dónde aparece esta persona

Job 1:20-22

20Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró;

21Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito.

22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno.

Traducción: Reina-Valera

La reacción al primer golpe, todavía en prosa: luto ritual y adoración, sin acusar a Dios de nada. Es la única escena que sostiene su fama de resignación — y vale para dos capítulos, no para el libro.

Job 3:3-5

3Perezca el día en que yo nací, y la noche que se dijo: Varón es concebido.

4Sea aquel día sombrío, y Dios no cuide de él desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca.

5Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado, que lo haga horrible como caliginoso día.

Traducción: Reina-Valera

El giro de tono, en el punto exacto en que la prosa se vuelve poesía. Quien quiera saber por qué «la paciencia de Job» es una lectura estrecha puede leer solo esto y compararlo con la expresión.

Job 38:1-7

1Y RESPONDIÓ Jehová á Job desde un torbellino, y dijo:

2¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?

3Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y hazme saber tú.

4¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? házmelo saber, si tienes inteligencia.

5¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿ó quién extendió sobre ella cordel?

6¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿ó quién puso su piedra angular,

7Cuando las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios?

Traducción: Reina-Valera

La apertura del discurso divino. Conviene leerlo en voz alta: el efecto del pasaje depende de la acumulación de preguntas, y se pierde cuando el versículo se lee aislado.

Job 42:7-9

7Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras á Job, Jehová dijo á Eliphaz Temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.

8Ahora pues, tomaos siete becerros y siete carneros, y andad á mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto á él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi siervo Job.

9Fueron pues Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamatita, é hicieron como Jehová les dijo: y Jehová atendió á Job.

Traducción: Reina-Valera

El veredicto y su consecuencia práctica. Los amigos necesitan sacrificio e intercesión; quien intercede por ellos es el hombre que se pasó el libro protestando.

Ezequiel 14:14

14Si estuvieren en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel, y Job, ellos por su justicia librarán su vida, dice el Señor Jehová.

Traducción: Reina-Valera

Fuera de su libro, Job aparece aquí, citado junto a Noé y Daniel como figura ejemplar de justicia. Es la mención que sostiene la lectura de Job como personaje conocido de la tradición, y no como creación aislada de un autor.

Santiago 5:11

11He aquí, tenemos por bienaventurados á los que sufren. Habéis oído la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso.

Traducción: Reina-Valera

La mención del Nuevo Testamento que dio origen a la expresión «la paciencia de Job». Conviene leerla sabiendo que el término griego está más cerca de resistir hasta el final que de aceptar callado.

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