Oración para la depresión
La oración
Señor, hoy no siento nada. Ni fe, ni ganas, ni tu presencia. Así y todo estoy rezando.
No te pido alegría ahora. Te pido fuerza para lo pequeño: levantarme, comer, cruzar la tarde.
Si mañana no consigo hablarte, cuenta esta oración también por mañana.
Quédate, aunque yo no lo note. Amén.
En resumen
Esta es una oración breve para los días en que rezar parece inútil y no se siente nada. Fue escrita para este sitio y va firmada. No pide alegría: pide fuerza para lo pequeño. La depresión es una enfermedad, tiene tratamiento, y rezar no sustituye ese tratamiento.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
- Publicado el
- Tiempo de lectura
- 5 min de lectura
Cuándo rezarla
En los días en que rezar parece inútil, que son exactamente los días para los que fue escrita. Es breve porque en ese estado todo pesa, un texto incluido.
La oración de arriba no pide que vuelva el sentimiento, y la decisión es deliberada. Pedir que la tristeza termine hoy es pedir algo que nadie entrega a plazo, y quien reza así cierra el día con una prueba más de que nada funciona. Pedir fuerza para levantarse, comer y cruzar la tarde es pedir algo que cabe dentro de una tarde, y se nota cuando llega.
Rezar sin sentir nada es un problema antiguo, y la tradición cristiana tiene nombres para él: sequedad, aridez, noche. Lo que todas las descripciones tienen en común es que la ausencia de sensación nunca se trató como ausencia de fe. La oración hecha en automático, sin ganas, con la cabeza en otra parte, cuenta como oración. Si llegaste a esta página y leíste el texto de arriba en voz baja sin sentir nada, rezaste.
La depresión es una enfermedad, no es falta de fe ni falta de esfuerzo, y tiene tratamiento: psicoterapia, seguimiento médico y, cuando está indicado, medicación. Nada de eso compite con rezar; caben en el mismo día, y ninguno es señal de que falte el otro. Si esto lleva semanas, o si cambiaron el sueño o el apetito, busca ayuda profesional hoy. Ninguna página de este sitio sustituye una evaluación, un diagnóstico ni un tratamiento.
De dónde viene esta oración
Cuándo surgió Escrita para Llama de Fe en 2026
La depresión como diagnóstico es vocabulario del siglo XX. La experiencia es mucho más antigua, y la Escritura la registra sin eufemismos: Elías se derrumba debajo de un arbusto en el desierto, sin fuerzas para seguir, y un salmo entero termina sin que vuelva la luz. Ninguno de esos pasajes fue retirado del canon por sonar demasiado desesperado.
Esta oración se escribió para este sitio porque no existe fórmula tradicional para el tema, y por eso va firmada. Se apoya en dos cosas. La primera es que rezar sin sentir sigue siendo rezar: esta oración admite abiertamente que se hace sin entusiasmo, y eso no es un defecto suyo. La segunda es la respuesta que recibe Elías: antes de cualquier palabra sobre Dios, comida y sueño, dos veces.
Evita con cuidado tres cosas. No promete que la tristeza pasará hoy. No sugiere que quien sigue deprimido rezó poco o creyó mal. Y no trata la sensación como medida de la fe: quien no siente nada al rezar no está rezando peor que quien siente mucho.
Detalles poco conocidos
La primera respuesta que recibió Elías no fue teológica
El Salmo 42 hace tres veces la misma pregunta, y se la hace a quien reza
Hay un salmo que termina a oscuras y nadie lo arregló
Qué dicen los pasajes
4Y él se fué por el desierto un día de camino, y vino y sentóse debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Baste ya, oh Jehová, quita mi alma; que no soy yo mejor que mis padres.
5Y echándose debajo del enebro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come.
6Entonces él miró, y he aquí á su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua: y comió y bebió, y volvióse á dormir.
7Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: porque gran camino te resta.
Elías acababa de ganar la mayor disputa pública de su vida, y es justo después cuando se sienta en el desierto, sin fuerzas. Conviene mirar lo que pasa a continuación: nadie lo reprende, nadie le pregunta por su fe, y el cuidado empieza por el cuerpo.
11¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.
El salmista no habla aquí con Dios, habla consigo mismo, y la pregunta que se hace no recibe respuesta dentro del salmo. Lo que consigue es seguir hablando, que en un día así ya es bastante.
8Has alejado de mí mis conocidos: hasme puesto por abominación á ellos: encerrado estoy, y no puedo salir.
9Mis ojos enfermaron á causa de mi aflicción: hete llamado, oh Jehová, cada día; he extendido á ti mis manos.
La descripción del aislamiento es precisa y antigua: los conocidos alejados, la sensación de estar encerrado sin poder salir, los ojos gastados de tanto llorar. Este es el salmo que no gira hacia la esperanza, y su permanencia en el canon dice algo sobre lo que es aceptable llevarle a Dios.
22Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
La frase más citada del libro está en medio de cinco poemas de duelo escritos frente a una ciudad destruida. El detalle que suele escaparse es el plazo: las misericordias son nuevas “cada mañana”, una mañana por vez, que es exactamente el horizonte que pide esta oración.