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Oración a san Miguel Arcángel: el texto y quién la escribió de verdad

La oración

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, príncipe de la milicia celestial, con el divino poder arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

En resumen

La oración a san Miguel Arcángel la compuso el papa León XIII y mandó rezarla al final de cada misa rezada a partir de 1886. Pide protección contra el mal, y su petición central, la de que sea Dios mismo quien reprenda al demonio, es una cita de la carta de Judas.

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Cuándo rezarla

Se reza en cualquier momento de miedo o de agobio, y en muchas parroquias al final de la misa, por una costumbre retomada en los años noventa. Cabe también al empezar el día, cuando ya se sabe que el día va a ser difícil.

La oración es corta y tiene estructura de tribunal. Primero pide defensa y amparo; después traslada la orden a Dios — «reprímale Dios, pedimos suplicantes» — y solo entonces vuelve a dirigirse a Miguel, para que actúe «con el divino poder». Nada se le atribuye al arcángel por cuenta propia, y esa cadena es deliberada: es la misma escena de Judas 9, donde Miguel se niega a sentenciar y deja la sentencia con Dios.

Conviene fijarse en lo que la oración no hace. No le manda al demonio, no usa fórmula de mando, no promete resultado y no describe técnica alguna. Quien busca en internet oraciones «de liberación» encuentra textos que hacen las cuatro cosas; este, escrito por un papa, es notablemente contenido.

El lenguaje de combate incomoda a parte de los lectores, y es honesto decir de dónde viene: está en el Nuevo Testamento antes de estar aquí. Efesios 6 habla de lucha contra poderes espirituales, y el Apocalipsis describe una batalla en el cielo. Lo que la oración añade es la certeza del desenlace — el dragón ya fue arrojado fuera, y lo que se pide es que eso alcance al presente.

Sobre el miedo: la oración no trata el mal como algo que se vence rezando más fuerte. Pide amparo, que es el vocabulario de quien se resguarda y no de quien se lanza. Si lo que pesa es miedo persistente, angustia o pensamientos que no paran, rezar y buscar ayuda profesional caben en el mismo día — y lo uno no es señal de que falte lo otro.

De dónde viene esta oración

Cuándo surgió 1886, compuesta por León XIII

Esta es una de las pocas oraciones muy rezadas cuyo autor y cuya fecha se conocen con precisión. En 1884, León XIII determinó que se añadieran oraciones al final de cada misa rezada — tres avemarías y la Salve. En 1886 sumó a ese conjunto una oración nueva, escrita por él, dirigida a san Miguel. Las llamadas Oraciones Leoninas se rezaron en todo el mundo católico hasta 1964, cuando la reforma litúrgica las suprimió.

Existe una segunda versión, mucho más larga, y es otro texto. En 1890 León XIII publicó una fórmula extensa de exorcismo contra Satanás y los ángeles apóstatas, incorporada después al Ritual Romano; la oración breve funciona como un resumen de ella. Las dos no son intercambiables: la fórmula larga es un exorcismo, de uso reservado, y la corta es una oración devocional que puede rezar cualquiera.

A partir de los años noventa la oración volvió a las parroquias, en buena medida porque Juan Pablo II la recomendó públicamente en 1994, y hoy muchas comunidades la rezan al final de la misa por iniciativa propia y no por norma litúrgica. El texto es el mismo de 1886.

Detalles poco conocidos

  • La visión de 1884 que todo el mundo cuenta no tiene registro de la época

    La historia es conocida: León XIII habría oído, después de una misa el 13 de octubre de 1884, un diálogo entre Cristo y Satanás, y habría escrito la oración aquel mismo día, conmocionado. Las versiones escritas más antiguas de ese relato son de los años treinta, medio siglo después, y ningún documento contemporáneo del papa la menciona. Lo que los documentos sí registran es lo de arriba: las oraciones después de la misa en 1884, y la oración a san Miguel añadida en 1886.

  • «Reprímale Dios» es una cita, y está en Judas 9

    El latín de la oración dice «Imperet illi Deus», que reproduce casi literalmente la Vulgata de Judas 9, «Imperet tibi Dominus»: mándele Dios. La fórmula española prefirió «reprímale», que es el sentido que las traducciones hechas desde el griego le dan al versículo — la edición española de este sitio dice ahí «El Señor te reprenda». La misma frase por dos rutas, y se puede comparar abriendo Judas aquí mismo. El verso cuenta que el arcángel Miguel, al disputar con el diablo, no se atrevió a sentenciar y le devolvió el juicio a Dios.

  • «Asechanzas» es exactamente la palabra que trae Efesios 6:11 en esta edición

    La oración pide amparo contra «la perversidad y asechanzas del demonio», y la Reina-Valera de 1909 traduce Efesios 6:11 como estar firmes «contra las asechanzas del diablo». No es un parecido: es el mismo término. La oración de León XIII es en buena medida un montaje de expresiones bíblicas — la batalla y las asechanzas vienen de Efesios, la orden viene de Judas, y la caída del dragón viene del Apocalipsis.

  • La Biblia no llama santo a Miguel, sino príncipe

    En los tres pasajes en que aparece — Daniel, Judas y Apocalipsis — es «el gran príncipe», «el arcángel» y el que manda a los ángeles en la batalla. El tratamiento de «san» es devocional y posterior, y la oración mezcla los dos: empieza con «san Miguel Arcángel» y en medio vuelve a llamarlo «príncipe de la milicia celestial», que es el lenguaje de Daniel.

Qué dicen los pasajes

Apocalipsis 12:7-9

7Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles,

8Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo.

9Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fué arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

Traducción: Reina-Valera

La escena que la oración tiene en mente: Miguel y sus ángeles contra el dragón. Fíjese en el tiempo verbal — la batalla ya ocurrió y el dragón ya fue arrojado a la tierra. Quien reza no está pidiendo que la victoria suceda, sino que alcance al presente.

Judas 1:9

9Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió á usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.

Traducción: Reina-Valera

La fuente directa de «reprímale Dios». El detalle que la oración conserva es el más interesante: Miguel, teniendo autoridad para acusar, no acusa — le devuelve la sentencia a Dios. Es lo contrario del tono que suele esperarse de una oración de combate espiritual.

Daniel 12:1

1Y EN aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fué después que hubo gente hasta entonces: mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos en el libro.

Traducción: Reina-Valera

De aquí viene el título de príncipe, con un detalle que la oración conserva: Miguel «está por» un pueblo, es decir, se pone de su lado. La función que se describe es la defensa de alguien, no el ataque a alguien.

Efesios 6:11-12

11Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.

Traducción: Reina-Valera

De donde vienen «batalla» y «asechanzas», esta última palabra por palabra. El texto es claro sobre lo que la lucha no es: no es contra sangre y carne. Vale la pena leerlo antes de rezar la oración, porque es lo que impide que el lenguaje de guerra se convierta en sospecha de personas.

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