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Romanos 8:1: la sentencia que abre el capítulo más citado de Pablo

Romanos 8:1

1AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.

Traducción: Reina-Valera

La edición publicada aquí cierra la frase con una descripción completa de quién es el absuelto. Esa cláusula final es la diferencia textual más conocida del versículo.

Respuesta rápida

Romanos 8:1 afirma que ahora no pesa condenación alguna sobre quien pertenece a Cristo Jesús. La frase concluye un argumento largo sobre ley, pecado e incapacidad, y llega inmediatamente después del pasaje donde Pablo describe hacer justamente lo que no quiere hacer.

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Buena parte de la fuerza de este versículo viene de dónde está. El capítulo anterior termina con un hombre describiéndose dividido, incapaz de cumplir lo que aprueba, y gritando por auxilio. Es después de ese grito, y no antes, cuando llega la frase sobre no haber condenación.

Dónde aparece este versículo

Romanos es una carta escrita a una comunidad que Pablo aún no conocía en persona, y los capítulos anteriores construyen por etapas un argumento sobre la incapacidad humana de justificarse por la ley.

El versículo siguiente explica el mecanismo: una ley nueva, la del Espíritu que da vida, que libra de aquella otra, donde el pecado termina en muerte. El de después dice lo que la ley antigua no lograba hacer por estar debilitada por la carne.

Lo que dice

Tres palabras cargan el peso. "Ahora" sitúa la afirmación en el presente, no en un juicio futuro. "Ninguna" es absoluta, sin grados. Y "en Cristo Jesús" delimita de quién se habla: no es una declaración sobre todo el mundo, es sobre una pertenencia.

Una nota de honestidad textual, útil para quien compara Biblias: esta edición cierra el versículo con la cláusula sobre andar no conforme a la carne sino conforme al espíritu. Esa misma redacción reaparece en el versículo 4, y los manuscritos más antiguos no la traen aquí. No es error de ninguna traducción: es una diferencia conocida entre familias de manuscritos, y ambas lecturas circulan desde hace siglos.

La diferencia cambia el tono y conviene saberlo. Sin la cláusula, la afirmación es una absolución y punto. Con ella, la absolución viene acompañada de una descripción del absuelto. Ninguna de las dos lecturas convierte el versículo en una exigencia: incluso en la forma larga, el andar aparece como lo que sigue, no como un precio cobrado por adelantado.

Qué hacer con esto hoy

El versículo es para quien ya se perdonó en el discurso y sigue condenándose en la práctica. No dice que usted no se equivocó, ni que el error no tuvo consecuencias. Dice que la sentencia ya fue dictada, y que no es la que usted se repite de noche.

Una oración para llevar

Señor, sigo condenándome por cosas que tú ya resolviste. Enséñame a aceptar tu sentencia en lugar de la mía. Amén.

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