Lucas 6:35: amad a vuestros enemigos y prestad sin esperar nada
35Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.
Tres órdenes prácticas y un motivo. El motivo no es el efecto que esto tendrá en el enemigo, sino la manera en que Dios ya trata a quien no devuelve.
Respuesta rápida
Lucas 6:35 manda amar a los enemigos, hacer el bien y prestar sin esperar nada a cambio, y liga a eso un galardón grande y la condición de hijos del Altísimo. El motivo que da es la conducta del propio Dios, cuya benignidad alcanza por igual al ingrato y al malvado.
- Escrito por
- Raphael Navarro Schmitt
- Revisado por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
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La frase aparece después de tres preguntas seguidas que desmontan la reciprocidad. Y la más concreta de las órdenes es la que menos se cita: prestar sin contar con la devolución. Es la que tiene precio medible, y por eso es la que pone a prueba las demás.
Dónde aparece este versículo
Estamos en el Sermón del Llano, la versión de Lucas del gran discurso. En los versículos anteriores Jesús pregunta tres veces qué mérito hay en amar a quien ama, hacer bien a quien hace bien y prestar a quien devuelve, y responde que hasta los pecadores hacen eso.
Enseguida llega la conclusión que lo amarra todo: sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. El versículo siguiente entra ya en no juzgar y no condenar.
Lo que dice
Las tres órdenes suben en dificultad. Amar enemigos es interior; hacer el bien exige acción; prestar sin esperar devolución cuesta dinero. La progresión no es accidental: la enseñanza baja del sentimiento a la cuenta bancaria, que es donde se detienen la mayoría de las convicciones.
El galardón se menciona, y conviene leer con cuidado qué es. El texto no dice que el enemigo vaya a cambiar, ni que el préstamo volverá por otro camino. Dice que el galardón es grande y lo liga a una filiación: obrar así es parecerse a quien ya obra así.
La última línea es la más incómoda del versículo, y es la que fundamenta las órdenes: Dios trata con benignidad incluso a quien no agradece y a quien obra mal. La generosidad pedida no se apoya en el mérito de quien recibe. Si dependiera de eso, no habría ninguna orden de dar.
Qué hacer con esto hoy
La parte aplicable hoy es la más material. Antes de discutir si usted puede amar a quien lo hirió, el versículo pregunta si prestaría sin reclamar y sin calcular. Es una pregunta que se responde con una decisión concreta, no con un sentimiento, y el texto no promete que la decisión será recompensada por quien recibió.
Una oración para llevar
Señor, todavía hago cuentas cuando ayudo. Enséñame a dar sin esperar retorno, como tú me diste antes de que yo agradeciera nada. Amén.