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Jonás 4:2 — el elogio a Dios dicho como reclamo

Jonás 4:2

2Y oró á Jehová, y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo á Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo á enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.

Traducción: Reina-Valera

Jonás no presenta la huida como cobardía sino como precaución. Se había cuidado de un peligro, y el peligro era que Dios perdonara.

Respuesta rápida

En Jonás 4:2 el profeta explica por qué había huido: ya sabía que Dios es clemente, piadoso, tardo para enojarse y de gran misericordia. La huida no vino de la duda sino de la certeza, porque no quería ver eso aplicado a la ciudad que odiaba.

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La frase es la misma que atraviesa los salmos y los profetas como alabanza. Aquí se dice de mal humor, por un hombre sentado fuera de una ciudad que acaba de librarse.

Es el único lugar de la Biblia donde la bondad de Dios aparece como acusación. Y el libro no corrige la descripción: corrige a quien la recita.

Dónde aparece este versículo

La ciudad había cambiado de rumbo. El capítulo anterior termina con Dios arrepintiéndose del mal que había anunciado, y el capítulo 4 abre con Jonás apesadumbrado en extremo y enojado justamente por eso.

Recién ahora el lector se entera del motivo de la huida del capítulo 1. Jonás no temía fracasar ni temía el viaje: temía tener éxito y ver el perdón ocurrir.

El resto del capítulo es una parábola montada con una planta, un gusano y un viento caliente, y termina en una pregunta de Dios sobre la ciudad. El libro cierra sin que Jonás conteste.

Lo que dice

La Reina-Valera le hace decir que se precavió. La palabra es de seguro, de resguardo: presenta la fuga como prudencia y no como miedo. Jonás se cuidaba de un riesgo, y el riesgo era que Dios cumpliera su fama.

La lista es una fórmula conocida de ese pueblo, de las que se aprenden de memoria. Jonás no está improvisando teología: está citando lo que ya tenía sabido, y eso es lo que vuelve el reclamo tan incómodo.

El último rasgo de la lista es el que duele, y en esta edición se oye doble. El verbo que Jonás le atribuye a Dios es el mismo con que el capítulo anterior narró lo que pasó con Nínive. La acusación aterriza exactamente sobre el hecho.

Conviene registrar lo que el libro no hace. No desmiente a Jonás, no relativiza la descripción, no sugiere que Dios sea más duro de lo que la fórmula dice. Deja la frase en pie y le devuelve la pregunta al profeta.

Qué hacer con esto hoy

Hay una versión suave de este reclamo que casi todos tuvimos: alivio por el perdón que uno recibió, y la sensación de que el de otro llegó demasiado pronto. El versículo le pone nombre sin ser cruel con quien lo siente.

Una prueba posible, si estás enojado con alguien: anota las cualidades de Dios que citas cuando hablas de ti mismo. Después pregúntate si aceptarías la misma lista aplicada a esa persona. La respuesta suele ser instructiva.

Una oración para llevar

Señor, me gusta tu misericordia cuando cae sobre mí. Ayúdame a soportarla cuando cae sobre alguien que yo no quería ver perdonado, y muéstrame qué hay de mío en esa irritación. Amén.

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