Jeremías 17:7 — la bendición que Jeremías pone frente a la maldición
7Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
La Reina-Valera usa aquí un verbo reflexivo: no dice sólo que alguien confía, dice que se entrega a sí mismo. La segunda mitad convierte esa acción en un estado permanente.
Respuesta rápida
Jeremías 17:7 abre la mitad luminosa de un par: el profeta acaba de describir a quien apoya su vida en gente y se seca, y ahora describe a quien la apoya en Dios. La frase pasa de una acción a un estado, y el versículo siguiente la ilustra con un árbol plantado junto al agua.
- Escrito por
- Raphael Navarro Schmitt
- Revisado por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
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Pocos pasajes de la Biblia son tan simétricos. Jeremías arma un espejo de cuatro versículos: de un lado una persona y en qué se convierte, del otro una persona y en qué se convierte. La única variable es dónde apoyó cada una el peso.
Este versículo es el comienzo del lado bueno del espejo, y solo ya sostiene un día — pero crece mucho cuando se lee lo que está en la página de enfrente.
Dónde aparece este versículo
El capítulo 17 pertenece a una sección en que Jeremías habla al reino de Judá poco antes del derrumbe, en un tiempo en que la política exterior consistía en elegir en qué imperio apoyarse. El contraste entre confiar en gente y confiar en Dios no era teoría devocional: era la discusión nacional del momento.
Los versículos 5 y 6 dicen justo lo contrario de este, con una planta de desierto que no se entera cuando llega el bien. El versículo 8 continúa la frase de hoy con la imagen opuesta, un árbol junto a la corriente que cruza la sequía sin perder la hoja. Y los versículos 9 y 10 cierran el bloque recordando lo difícil que es conocer el corazón humano, incluido el propio.
Lo que dice
El verbo elegido por esta edición merece atención. No dice simplemente que alguien confía: usa la forma reflexiva, que en español pone al sujeto dentro de la acción. Uno no deposita una opinión favorable, se deposita a sí mismo. Es la diferencia entre recomendar un puente y cruzarlo.
La segunda mitad completa el movimiento. Primero está el acto, que ocurre en un momento concreto, y después el estado, que es donde la persona queda a vivir. Se puede practicar el primero en un apuro sin llegar nunca al segundo; aquí los dos están en la misma línea.
La bendición no es un premio por buena conducta. Se declara sobre una postura de apoyo, no sobre una lista de méritos. El texto no pregunta qué hizo la persona; pregunta contra qué está recostada.
El versículo 8 explica qué significa la bendición en la práctica, y es más sobrio de lo que parece. El árbol no se libra del calor ni del año de sequía: el calor llega y la sequía ocurre. Lo que cambia es dónde está la raíz, y por eso la hoja sigue verde mientras el clima hace lo que quiere.
Qué hacer con esto hoy
Hay una pregunta práctica escondida aquí, y se puede responder hoy: cuando llega la mala noticia, ¿a quién llamas primero? La respuesta suele mostrar dónde está apoyado el peso, con más honestidad que cualquier declaración de fe.
Y un cuidado, para no usar el texto en contra de uno mismo. Descubrir que el peso estaba en el lugar equivocado no es motivo de vergüenza: es la entrada al lado bueno del espejo. El versículo abre con una bendición, no con un reproche.
Una oración para llevar
Señor, he estado apoyando mi vida en cosas que se cansan. Muéstrame dónde puse el peso y enséñame a moverlo. Que mi raíz alcance el agua antes del próximo calor. Amén.