Isaías 55:12: salir con alegría y volver con paz, y el campo aplaudiendo
12Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.
La única promesa del capítulo donde el paisaje entra como personaje. A quien sale le tocan dos verbos discretos; el ruido de fiesta queda a cargo de los collados y de los árboles.
Respuesta rápida
Isaías 55:12 describe una partida: quien sale, sale con alegría, y con paz será devuelto. Alrededor, las alturas rompen a cantar y la arboleda del camino aplaude. Es la imagen más abiertamente festiva del libro y cierra un capítulo de invitación.
- Escrito por
- Raphael Navarro Schmitt
- Revisado por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
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Isaías tiene fama de libro severo, y buena parte de esa fama se sostiene. El capítulo 55 es la excepción declarada: empieza llamando a los sedientos y termina con el campo en algarabía.
Conviene mirar dónde está la frase. No abre el capítulo como lema: llega al final, después de un argumento entero, como consecuencia de lo que ya se dijo.
Dónde aparece este versículo
El capítulo abre con una invitación de mercado puesta al revés: los llamados son los que no tienen dinero, y lo que se llevan no cuesta nada. Después viene el pedido de buscar a Jehová mientras puede ser hallado, y la declaración de que sus pensamientos quedan muy por encima de los nuestros.
Justo antes de este verso hay una comparación agrícola. La lluvia y la nieve bajan, hartan la tierra, la hacen germinar y dan simiente al que siembra y pan al que come, y no vuelven sin haber hecho nada. La palabra de Dios se describe igual: no vuelve vacía.
El verso 13 completa la escena con un cambio de vegetación: donde había zarza crece haya, donde había ortiga crece arrayán, y eso queda como señal eterna.
Lo que dice
Esta edición dice algo que conviene no pasar por alto: la segunda mitad no habla de ser llevado hacia adelante, sino de ser devuelto con paz. La escena tiene forma de regreso, no solo de viaje de ida, y eso encaja con un libro escrito para gente lejos de casa.
Repare en el reparto de tareas. A quien lee le tocan dos verbos modestos: salir y ser devuelto. Los verbos vistosos, cantar y aplaudir, quedan para los montes y los árboles. No se le exige entusiasmo a quien parte; el entusiasmo ya está repartido por el escenario.
Que el paisaje sea personaje es raro en la Biblia y nunca es adorno. Aquí funciona como testigo: lo que le pasa a una persona no se queda dentro de ella, se derrama sobre el lugar por donde pasa.
Y todo esto se apoya en el verso 11. La fiesta del 12 no es optimismo: es la conclusión de un argumento sobre una palabra que cumple aquello para lo que fue enviada.
Qué hacer con esto hoy
Es el primer día del ciclo y el verso trata de empezar a caminar. Si hay algo que viene postergando porque no sabe cómo termina, el texto no le pide saberlo: le pide salir, y promete conducción en el trayecto.
Hay un ejercicio pequeño escondido en la línea. Una vez hoy, mire de verdad lo que tiene alrededor: un árbol, la forma del cerro, la luz de esta hora. El verso trata eso como parte de la celebración y no como distracción de ella.
Una oración para llevar
Señor, sácame del lugar donde me quedé trabado. Condúceme mientras camino, y dame ojos para la fiesta que ya está ocurriendo a mi alrededor. Amén.