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¿Qué es el libre albedrío?

Respuesta rápida

Libre albedrío es la capacidad de escoger entre caminos y responder por las propias elecciones — algo que la Biblia presupone cada vez que manda escoger, obedecer o arrepentirse. Lo que los cristianos discuten no es si la elección existe, sino cuánto pesa ante una gracia que la Escritura describe como viniendo primero.

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Igual que «pecado original», la expresión «libre albedrío» no está en la Biblia. Viene de la filosofía y entró en la teología cristiana para nombrar algo que los textos bíblicos no definen, pero dan por supuesto todo el tiempo: cada vez que aparece un imperativo — escoge, obedece, arrepiéntete, ven —, está presupuesto que el destinatario puede hacerlo o dejar de hacerlo. Discutir el libre albedrío es discutir el alcance de esa presuposición, no su existencia.

Una familia de textos pone la decisión humana en primer plano de forma casi brutal. Moisés le presenta al pueblo la vida y la muerte y manda escoger. Josué hace lo mismo ante Israel, con los dioses competidores nombrados uno a uno. El último capítulo del Apocalipsis cierra la Biblia con una invitación abierta a quien quiera. Y Santiago corta de raíz cualquier intento de tercerizar la responsabilidad: la tentación no viene de Dios, viene del deseo de cada uno.

Otra familia de textos apunta en dirección opuesta con la misma firmeza. En el evangelio de Juan, Jesús afirma que nadie puede venir a él si el Padre no lo trae. Pablo declara que el resultado no depende de la voluntad ni del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios, y escribe a los efesios que la propia fe es don, no conquista. Ignorar esos pasajes para preservar la libertad humana es tan deshonesto como ignorar los anteriores para preservar la soberanía divina.

Hay un pasaje que pone las dos cosas en el mismo aliento, y es el mejor retrato del problema. En Filipenses 2, Pablo ordena a sus lectores ocuparse de la propia salvación, y escoge para ello una fórmula de gravedad — temor y temblor. En la frase siguiente da como motivo el hecho de que es Dios quien produce en ellos tanto el querer como el hacer. El texto no resuelve la tensión: la enuncia, y usa un lado como fundamento del otro. Cualquier sistema que se quede demasiado cómodo aquí probablemente amputó la mitad de la frase.

Vale registrar un dato que cambia el paisaje según la Biblia que se tenga en la mano. El texto más explícito sobre la libertad humana en toda la Escritura está en el Eclesiástico, también llamado Sirácida: en su capítulo 15 dice que Dios dejó al ser humano en manos de su propio consejo y puso delante de él opciones contrarias, para que extienda la mano hacia la que quiera. Ese libro forma parte de los deuterocanónicos — está en las Biblias católicas y falta en la mayoría de las ediciones evangélicas, incluida la Reina-Valera que este sitio publica en español, de modo que aquí no hay página que abrirlo. Lo que este canon ofrece en su lugar es más discreto pero no menos claro: la advertencia a Caín en Génesis 4:7, y la insistencia de Deuteronomio 30 en que el mandamiento no está lejos ni fuera de alcance. Parte de la diferencia de énfasis entre las tradiciones empieza justo ahí, antes de cualquier argumento.

Dos caricaturas estorban la conversación y vale desarmarlas. La primera es la de que quien defiende la soberanía divina estaría diciendo que las personas son marionetas sin responsabilidad — ninguna tradición cristiana enseña eso, y todas mantienen el juicio y la responsabilidad personal. La segunda es la de que quien defiende la libertad humana estaría diciendo que la persona se salva sola — tampoco: en todas las lecturas la gracia viene antes, y la salvación no se conquista. La discusión real es más estrecha y más interesante que cualquiera de esas versiones.

Por último, la pregunta que suele estar debajo de esta pregunta. Quien llega aquí muchas veces quiere saber si lo que hace importa, o si ya está todo decidido de antemano. En ese punto las tres lecturas dicen lo mismo, y es la parte práctica: la invitación descrita en los textos es sincera, la puerta se presenta abierta, y ninguna tradición cristiana enseña que alguien que quiera acercarse a Dios vaya a ser rechazado. Las ganas de venir ya son, en todas las lecturas, buena señal.

Qué dicen los pasajes

Deuteronomio 30:19

19A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente:

Traducción: Reina-Valera

El imperativo más directo de la Biblia sobre escoger. Moisés convoca como testigos a todo lo creado, presenta dos alternativas — la vida y la muerte — y ordena la decisión. Sea cual sea la lectura que se adopte después, el formato del texto es el de alguien hablando a quien puede decidir.

Josué 24:15

15Y si mal os parece servir á Jehová, escogeos hoy á quién sirváis; si á los dioses á quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron de esotra parte del río, ó á los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos á Jehová.

Traducción: Reina-Valera

La misma estructura, ahora con los competidores nombrados: los dioses de los antepasados y los de los amorreos. El detalle que suele pasar desapercibido es que Josué hace su propia elección en voz alta, lo que convierte la invitación en ejemplo en lugar de reproche.

Génesis 4:7

7Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

Traducción: Reina-Valera

La afirmación más antigua de la Biblia sobre la capacidad humana de decidir, dicha a alguien que estaba a punto de hacer lo peor: el pecado acecha a la puerta, y aun así se le dice a Caín que puede enseñorearse de él. Es un texto de advertencia, no de teoría — y por eso mismo presupone la libertad en vez de argumentarla.

Juan 6:44

44Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

Traducción: Reina-Valera

La afirmación que tira de la cuerda hacia el otro lado, y viene del propio Jesús: el acercamiento no parte de la persona. Quien defiende que la gracia precede y capacita toda decisión empieza por aquí, y con razón — el verbo del versículo indica ser traído, no decidir.

Romanos 9:16

16Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Traducción: Reina-Valera

Pablo descarta, en la misma frase, el querer y el correr como factores decisivos, y atribuye el resultado a la misericordia. Es el pasaje más difícil para cualquier lectura que haga pesar demasiado la elección humana, y no tiene contorno fácil.

Efesios 2:8-9

8Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:

9No por obras, para que nadie se gloríe.

Traducción: Reina-Valera

La salvación descrita como don recibido, con la exclusión explícita del mérito. El punto disputado es gramatical: qué es exactamente lo que se llama don — la salvación, la fe, o el conjunto. La respuesta a esa pregunta pequeña mueve bastantes cosas grandes.

Filipenses 2:12-13

12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor;

13Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Traducción: Reina-Valera

Las dos afirmaciones en un solo aliento: un mandato de actuar con temor y temblor, seguido del motivo, que es Dios produciendo dentro de la persona el querer y el hacer. Pablo usa un lado como fundamento del otro en vez de escoger entre ellos. Es el mejor resumen bíblico del problema.

Santiago 1:13-14

13Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno:

14Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.

Traducción: Reina-Valera

Cierra la puerta a responsabilizar a Dios por el mal que se hace: la tentación nace del deseo de la propia persona. Es también el texto de apoyo de la respuesta cristiana más común al problema del sufrimiento causado por elecciones humanas.

Apocalipsis 22:17

17Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.

Traducción: Reina-Valera

La Biblia termina con una invitación dirigida a quien tenga sed y quiera, sin condición previa y de balde. Vale menos como argumento técnico y más como tono: cualquier lectura sobre libertad y gracia tiene que caber dentro de una última página que invita en vez de filtrar.

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