Oración de año nuevo
La oración
Señor, empezó otro año, y ya hice la lista de las cosas que sé que no voy a cumplir enteras.
No te pido un año fácil. Te pido que, si fallo, falle temprano, y que vuelva a empezar a la semana siguiente y no el año que viene.
Cuidá a los que estuvieron conmigo el año que pasó. Y si alguno no llega al final de este, que yo haya dicho lo que tenía que decir mientras todavía se podía.
El año es tuyo. Yo solo paso por él.
Amén.
En resumen
Esta es una oración para la vuelta del año, escrita para este sitio y firmada. No promete un año mejor: pide que, al tropezar, uno vuelva a empezar a la semana siguiente y no el 1 de enero que viene. Debajo, lo que el calendario cristiano hace con la fecha y lo que no hace.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
- Publicado el
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Cuándo rezarla
En la vuelta, antes o después de las doce, y también en los primeros días de enero — que es cuando la lista de propósitos sigue de pie y empieza a crujir.
La lista de propósitos de año nuevo tiene un defecto conocido, y no es la falta de voluntad. Es la escala del compromiso. Quien promete cambiar todo a partir del lunes construye una regla tan rígida que el primer desliz la voltea entera — y, volteada, el próximo hito disponible para volver a empezar pasa a ser enero del año siguiente. Once meses de espera por un tropiezo de febrero. A eso responde la segunda estrofa cuando pide fallar temprano y recomenzar a la semana siguiente.
La tercera estrofa hace algo que casi ninguna oración de año nuevo se anima a hacer. La vuelta es la fecha en que más se piensa en quien murió durante el año, y también en la que uno nota que la lista de los que están cerca cambió. Decirlo no es agorero: es lo que hace la Escritura cuando compara la vida con un vapor. La conclusión práctica de Santiago no es miedo, es urgencia sobre lo que a uno le falta decirle a alguien.
La última línea resume lo que la página propone en lugar del decreto. El año no es una hoja en blanco que uno llena a fuerza de voluntad, ni una sentencia ya escrita que apenas cumple. Es tiempo prestado, con cosas que dependen de uno y muchas que no. Rezar en la vuelta es, sobre todo, admitir de qué lado de esa división cae cada punto de la lista.
De dónde viene esta oración
Cuándo surgió Escrita para Llama de Fe en 2026
Para la Iglesia, el año no empieza el 1 de enero. El año litúrgico abre el primer domingo de Adviento, cuatro domingos antes de Navidad, lo que corre la vuelta cristiana a fines de noviembre o comienzos de diciembre. Cuando se comen las uvas, el calendario de la fe lleva semanas andando: un detalle que casi nadie conoce y que cambia lo que se puede esperar de la fecha.
Eso no quiere decir que el día 1 esté vacío. En el calendario romano es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y antes de la reforma de 1969 se celebraba como la octava de Navidad. Hay además dos costumbres muy extendidas en el mundo hispano y fáciles de reconocer: la misa de fin de año con el Te Deum en acción de gracias la noche del 31, y la invocación al Espíritu Santo el primer día del año.
Esta oración se escribió para este sitio y por eso va firmada. Es deliberadamente poco solemne, porque la fecha ya es solemne de sobra y la solemnidad no ayuda acá. Quien reza el 1 de enero está, casi siempre, mirando una lista de promesas que él mismo no cree del todo. Una oración que fingiera lo contrario sería lo único falso en una noche en que la persona está siendo honesta consigo misma.
Detalles poco conocidos
El versículo más impreso en tarjetas de año nuevo se escribió para gente que iba a esperar setenta años
Hay un pasaje que parece escrito contra la lista de propósitos
Qué dicen los pasajes
10Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplieren los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para tornaros á este lugar.
11Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Leer los dos juntos es lo que le devuelve peso a la promesa. El plazo de setenta años viene primero; la garantía de un final esperado viene después, y no en su lugar. La esperanza prometida acá no cancela la espera: la atraviesa.
13Ea ahora, los que decís: Hoy y mañana iremos á tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería, y ganaremos:
14Y no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
15En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto ó aquello.
La crítica apunta a una frase de calendario, casi idéntica a las que se dicen el 31 de diciembre. Conviene notar que la corrección sugerida deja el plan intacto y cambia solo el verbo: sigue habiendo proyecto, deja de haber certeza.
18No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis á memoria las cosas antiguas.
19He aquí que yo hago cosa nueva: presto saldrá á luz: ¿no la sabréis? Otra vez pondré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
La orden de no acordarse de las cosas pasadas se dirige a un pueblo cuya identidad entera estaba hecha de memoria. No es una invitación a olvidar la historia, sino a dejar de usarla como medida de lo que todavía puede ocurrir.
1PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:
La apertura del capítulo más citado en velorios y casamientos sirve igual para la vuelta del año. La afirmación es modesta y difícil: cada cosa tiene su tiempo, lo que implica que algunas todavía no tienen el suyo en enero.