Santiago 1:19: escuchar rápido, hablar despacio y enojarse aún más despacio
19Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse:
Tres velocidades distintas para tres cosas: rápido al escuchar, lento al hablar, todavía más lento al enojarse. El versículo no prohíbe hablar ni sentir ira: reordena el ritmo.
Respuesta rápida
Santiago 1:19 orienta a cada persona a escuchar rápido, hablar despacio y enojarse todavía más despacio. No es una prohibición de hablar ni de sentir ira: es una ordenación del ritmo, y el versículo siguiente da el motivo, al decir que el enojo humano no produce la justicia que Dios busca.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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Es uno de los versículos más prácticos del Nuevo Testamento y de los más fáciles de citar sin cumplir. Conviene fijarse en cómo está construido: tres instrucciones montadas sobre la velocidad, no sobre el permiso.
Dónde aparece este versículo
Santiago escribe una carta breve y directa, llena de instrucciones concretas sobre la conducta. El versículo anterior habla de Dios engendrando a sus lectores por la palabra de verdad, y el siguiente da la razón del consejo: el enojo humano no produce la justicia que Dios busca. Poco después pide que reciban con mansedumbre la palabra plantada en ellos.
Lo que dice
Ninguna de las tres instrucciones es una prohibición. Hablar sigue permitido; sentir ira, también. Lo que cambia es la velocidad con que ocurre cada cosa, y en la práctica casi todo el daño en las relaciones viene justamente del orden en que esas tres se atropellan.
Solo la primera instrucción va con prisa. Escuchar rápido es lo contrario de oír mientras se arma la respuesta, que es lo que hacemos casi todos. Santiago pone la escucha antes del habla no por cortesía, sino porque es lo que permite responder a lo que realmente se dijo.
El versículo siguiente sostiene el argumento y suele quedar fuera de la cita. No afirma que la ira sea pecado; afirma que no entrega el resultado que promete. Quien se enoja suele creer que está corrigiendo una injusticia, y el texto responde exactamente a esa ilusión.
Qué hacer con esto hoy
La aplicación más concreta es una conversación difícil que ya sabes que tendrás. Acuerda contigo mismo escuchar a la otra persona hasta el final antes de responder nada, incluso cuando estés convencido de que ya sabes lo que va a decir.
Vale también para lo que se escribe. Los grupos de mensajes y las redes premian la respuesta inmediata, que es justo el orden inverso al recomendado aquí. Dejar un borrador quieto una hora es una manera muy literal de obedecer este versículo.
Una oración para llevar
Señor, escucho con prisa y respondo demasiado rápido. Sujeta mi lengua el tiempo suficiente para entender lo que se me dijo. Y cuando llegue la ira, no me dejes confundirla con justicia. Amén.