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Salmos 37:4 — poner la delicia es un acto, no un sentimiento

Salmos 37:4

4Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te dará las peticiones de tu corazón.

Traducción: Reina-Valera

Esta edición no dice deléitate: dice poner la delicia. Es un verbo de colocación, y convierte el gusto en algo que se ubica en alguna parte, y no en algo que simplemente ocurre.

Respuesta rápida

Salmos 37:4 es un eslabón de una cadena. El salmo alinea varias órdenes breves dirigidas a la misma persona — esperar, hacer el bien, vivir en la tierra, encomendar el camino, callar y esperar — y esta es la que habla de placer. La promesa que sigue no consiste en obtener lo que ya se quiere: depende de dónde el corazón haya puesto antes su gusto.

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Es uno de los versículos más reproducidos en imágenes de redes, casi siempre leído como garantía de que un sueño se cumplirá. Leído así, encoge.

El salmo entero es instrucción, y este versículo lleva el único ítem de la lista que habla de placer. Vale entender por qué está ahí.

Dónde aparece este versículo

El salmo 37 es un poema sapiencial, del tipo que enseña en lugar de lamentarse. Empieza aconsejando no impacientarse con quienes prosperan haciendo lo malo — un problema bastante menos moderno de lo que parece.

La vecindad inmediata es una serie de imperativos. Antes: esperar en Jehová y hacer el bien. Después: encomendarle el camino y esperar en él. Este versículo está en medio de esa cadena, y no suelto.

Más adelante el salmo promete que la justicia de quien espera será exhibida como la luz del mediodía. El horizonte del poema es largo, y eso cambia el tono de la promesa de hoy.

Lo que dice

El verbo es la clave, y esta edición lo vuelve especialmente concreto. No dice deléitate, como si fuera un estado que llega solo: dice poner la delicia en alguien. Es un verbo de colocación, del que se usa para objetos — el gusto aparece como algo que se ubica en alguna parte, y no como algo que simplemente sucede.

Hay además una palabra pequeña que suele pasarse por alto: asimismo. Ese conector amarra el versículo al anterior y confirma que no es una frase suelta, sino el siguiente paso de una lista que ya venía andando.

La segunda mitad suele leerse al revés. No es un método para conseguir lo que ya se quiere: es una consecuencia. Quien empieza a poner su gusto en alguien empieza a querer cosas distintas, y a esas peticiones remodeladas responde la promesa.

Eso no vacía la promesa. El texto sí dice que las peticiones del corazón serán concedidas — no es lenguaje de resignación. Lo que hace es fijar el orden: primero la delicia, después la petición.

Qué hacer con esto hoy

La versión práctica es modesta y cabe hoy: en lugar de abrir la oración con la lista de pedidos, ábrela nombrando una cosa de Dios que te guste. No algo que hizo por ti — algo que él es.

Y hay una prueba a mitad de semana. Fíjate en qué haces cuando sobran veinte minutos libres. El gusto real aparece ahí, y no en una lista de intenciones. El salmo no te pide que te avergüences de la respuesta; te pide que la notes.

Una oración para llevar

Señor, mis pedidos llegan antes que mi gusto, y lo sé. Enséñame a disfrutarte primero, y deja que los pedidos vengan después, ya cambiados. Amén.

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