Romanos 8:26: qué ocurre cuando no sabes qué pedir
26Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.
En medio del capítulo más confiado que escribió, Pablo admite que los cristianos no saben qué pedir como conviene. Y el remedio que presenta no es una técnica: es alguien pidiendo en su lugar.
Respuesta rápida
Romanos 8:26 afirma que el Espíritu sostiene nuestra flaqueza, ya que pedir como conviene nos supera, y que él mismo intercede por nosotros con gemidos que no caben en palabras. Está en medio de un capítulo sobre la esperanza en medio del sufrimiento.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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Es probablemente el versículo más útil de la Biblia para quien se traba a la hora de orar. No enseña un método mejor: reconoce que la dificultad existe y dice qué hace Dios al respecto.
Dónde aparece este versículo
Romanos 8 habla de la vida en el Espíritu, de la adopción como hijos y de la herencia. Poco antes de este versículo, Pablo describe a toda la creación gimiendo como en dolores de parto, y a los cristianos gimiendo con ella, a la espera. El versículo 26 añade un tercer gemido, y este viene desde dentro de Dios.
Lo que dice
La admisión es lo que vuelve raro al versículo. En un capítulo lleno de afirmaciones fuertes, Pablo dice que nosotros —él incluido— no sabemos qué pedir como conviene. No es una reprensión al lector inexperto: es la descripción de la condición de todos.
El verbo traducido por ayudar tiene la idea de sostener junto, de cargar el otro extremo del peso. No es sustitución ni corrección: es participación. El Espíritu no ora en tu lugar por considerar mala tu oración; carga contigo porque el peso es demasiado para un solo lado.
La expresión sobre gemidos indecibles se ha leído de maneras distintas a lo largo de la historia de la iglesia, y por aquí pasa la discusión sobre orar en lenguas. El texto en sí no describe ninguna práctica humana concreta: quien gime es el Espíritu, y lo que se dice de esos gemidos es que no caben en palabras.
Qué hacer con esto hoy
Vale para el día en que te sientas a orar y no sale nada. El versículo dice que el silencio no está vacío y que tu incapacidad de formular no interrumpe la comunicación. Es permiso para orar mal.
Y sirve para las situaciones en que ni siquiera se sabe qué pedir: un diagnóstico que aún no llega, un hijo en un camino que no entiendes, una decisión sin ninguna opción buena. En esos casos, decirle a Dios que no sabes qué pedir ya es la oración que aquí se describe.
Una oración para llevar
Señor, hoy no sé qué pedirte. No tengo palabras a la altura, y las que tengo no me parecen las adecuadas. Toma este silencio y conviértelo en lo que hace falta decir. Amén.