Saltar al contenido

Romanos 8:15: el espíritu de adopción y el fin del miedo

Romanos 8:15

15Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre.

Traducción: Reina-Valera

Pablo contrapone dos regímenes: el de siervo, que funciona con miedo, y el de hijo adoptado, que produce una palabra dicha en casa. Abba es el término arameo del trato familiar cotidiano, no un título litúrgico.

Respuesta rápida

Romanos 8:15 dice que los creyentes no recibieron un espíritu de servidumbre que los devuelva al temor, sino el espíritu que los hace hijos adoptivos, y en él claman llamando Padre a Dios. El contraste es entre dos regímenes de relación: el del siervo con miedo y el del hijo en casa.

Publicado el
Tiempo de lectura
2 min de lectura

Romanos 8 es donde la carta cambia de temperatura, y este versículo es la bisagra. No trata de sentir menos miedo a fuerza de esfuerzo, sino de un cambio de posición; y es la posición la que cambia lo que una persona puede decir.

Dónde aparece este versículo

Después de siete capítulos sobre ley, pecado e incapacidad humana, Pablo pasa a describir la vida conducida por el Espíritu. El versículo anterior afirma que todo aquel a quien conduce el Espíritu de Dios es hijo suyo, y el siguiente dice que el propio Espíritu lo confirma. El versículo 15 queda entre ambos y explica qué tipo de relación está en juego.

Lo que dice

La adopción tenía un sentido jurídico preciso para quien leía esto en Roma. El adoptado pasaba a tener los derechos de hijo legítimo, incluida la herencia, y el vínculo no se deshacía con la facilidad de un contrato de trabajo. No es una metáfora sentimental: es un cambio de estado civil.

El contraste con la servidumbre es donde el versículo duele. Pablo supone que existe una religión de siervo y que funciona con miedo: miedo a equivocarse, a perder el lugar, a ser descartado por bajo rendimiento. No dice que ese miedo sea imaginación. Dice que pertenece a un régimen que ya no es el del lector.

La palabra Abba cierra el argumento sin argumentar. Es arameo doméstico, el modo de llamar al padre dentro de casa, y Pablo la conserva sin traducir aun escribiendo en griego a una iglesia de Roma. La señal de que alguien salió del régimen del miedo no es una doctrina bien formulada: es el modo de dirigirse a Dios que le sale cuando necesita auxilio.

Qué hacer con esto hoy

Sirve a quien reza como quien rinde cuentas. Si cada oración empieza justificando la propia existencia, o adelantando excusas, el versículo indica que el régimen está equivocado: no la sinceridad de la persona, sino la posición en la que se colocó.

Una práctica sencilla: empieza hoy una oración sin preámbulo, dirigiéndote a Dios del modo más directo que puedas. El texto presenta eso como el habla esperada de un hijo adoptado, no como una libertad que todavía hay que merecer.

Una oración para llevar

Padre, te hablo como quien teme perder su lugar, y no fue así como me llamaste. Quítame el miedo que me hace medir cada palabra. Enséñame a buscarte como hijo, incluso en los días en que no tengo nada bueno que presentar. Amén.