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Mateo 6:24 — por qué Jesús dice que nadie puede servir a dos señores

Mateo 6:24

24Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón.

Traducción: Reina-Valera

Jesús no dice que sea difícil repartir la lealtad entre Dios y el dinero. Dice que no se puede, y la razón está en el verbo "servir".

Respuesta rápida

Mateo 6:24 no clasifica el dinero como malo: describe una imposibilidad práctica. La imagen es la de alguien que pertenece a dos dueños a la vez, y la conclusión es que una de las dos lealtades siempre gana. El verbo es servir, y servir se hace con la vida entera, no con una parte.

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Es uno de los versículos más citados sobre el dinero y uno de los que más rápido se ablandan. Casi siempre acaba convertido en un consejo de equilibrio, cuando el texto dice justo lo contrario: el equilibrio es lo único que aquí no está en el menú.

Dónde aparece este versículo

El versículo está en el Sermón del Monte, dentro del bloque sobre dónde se guarda el tesoro y sobre el ojo como lámpara del cuerpo. La multitud que lo escucha no es gente rica.

Justo después viene el pasaje sobre no angustiarse por la comida y el vestido, con las aves y los lirios. Es decir, el versículo es el puente entre la cuestión del tesoro y la cuestión de la ansiedad, y esa vecindad forma parte del sentido.

La palabra traducida por "señor" es la del dueño de un esclavo, no la del jefe de un empleado. Un trabajador puede tener dos empleos; en aquella economía, un esclavo pertenecía a una sola casa.

Lo que dice

La frase abre con una imposibilidad, y el resto explica de dónde viene: las dos lealtades exigen lo mismo, y por eso van a chocar. Jesús describe el resultado con cuatro verbos duros — aborrecer, amar, llegarse, menospreciar. No queda sitio para una convivencia tibia.

Conviene ver lo que no dice. No dice que tener dinero sea pecado, ni que la pobreza santifique. En otros pasajes de los Evangelios hay mujeres que sostienen al grupo con sus propios recursos y hay gente rica recibida sin reproche. El blanco aquí es una relación concreta: aquella en la que el dinero deja de ser herramienta y empieza a dar órdenes.

Una nota sobre la redacción que verás en esta página: esta edición conserva el nombre arameo, Mammón, en vez de traducirlo por riqueza. Esa elección cambia el tono. Al mantener el nombre propio, la frase suena a lo que es — no una advertencia económica, sino la constatación de que el dinero puede ocupar el lugar de un dios y cobrar culto sin que nadie lo declare.

Qué hacer con esto hoy

La prueba que sugiere el versículo no es cuánto tienes, sino quién decide. Cuando aparece una decisión importante, ¿qué entra primero en la cuenta: el costo o lo que es correcto? La respuesta honesta dice más que cualquier extracto bancario.

Hay además una lectura menos moralista y más aliviada. Servir a dos dueños agota, y buena parte del cansancio de quien trabaja de más viene de intentar contentar a los dos. El versículo no pone más peso sobre tus hombros: quita a uno de los dos patrones de encima.

Una oración para llevar

Señor, no quiero descubrir demasiado tarde quién mandaba en mi vida. Muéstrame dónde el dinero se volvió dueño y dame libertad para responder solo ante ti. Amén.

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