Mateo 5:16: la lámpara encendida no se hizo para el almud
16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.
La orden no es producir luz, es dejar de taparla. Y el verso ya dice adónde va el crédito, con lo cual resuelve el problema de la vanidad antes de que aparezca.
Respuesta rápida
Mateo 5:16 cierra la imagen de la luz en el Sermón del Monte: la orden es dejar que alumbre a la vista de la gente, de modo que las obras buenas se noten y el crédito suba hasta el Padre celestial. No se pide fabricar luz; se pide dejar de esconderla.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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Es una línea corta que hace mucho se volvió refrán, y los refranes viajan mal. Suelta, suena a permiso para lucirse. Leída en su lugar, dice otra cosa, y la dice con destinatario.
El entorno inmediato es doméstico y pequeño. Antes de cualquier cosa grandiosa, el ejemplo que se usa es una lámpara alumbrando a los que están dentro de una casa.
Dónde aparece este versículo
El Sermón del Monte abre con las bienaventuranzas y sigue con dos imágenes seguidas sobre los que escuchan: sal y luz. La primera advierte sobre la sal que se desvanece; la segunda se despliega en tres escenas.
Esas escenas son una ciudad asentada sobre un monte, que no se puede esconder, y una lámpara que nadie enciende para meterla debajo del almud: su lugar es el candelero, desde donde alcanza a todos los de la casa. Este verso es la conclusión de las dos.
Enseguida cambia el asunto: Jesús pasa a hablar de la ley y los profetas, y dice que no vino a abrogar sino a cumplir. La imagen de la luz cierra aquí, y cierra con una instrucción.
Lo que dice
El verbo importa. No se manda encender ni generar claridad: se manda dejar que alumbre. El verso da por supuesto que la luz ya está y prohíbe una sola cosa, que es taparla.
La medida de lo que debe quedar a la vista es concreta. No son intenciones, planes ni convicciones: son obras buenas, el tipo de cosa que alguien de afuera puede ver sin que se la expliquen.
La segunda mitad es lo que impide que el verso se vuelva autopromoción. La mirada de quien ve no se detiene en quien hizo: sigue de largo y termina en el Padre. La redirección está dentro de la frase, y es lo que vuelve segura la visibilidad.
Repare también en la escala. La ciudad sobre el monte sugiere alcance; la lámpara en el candelero sugiere una habitación. Las dos imágenes están en el mismo párrafo, y la segunda describe la mayoría de los días.
Qué hacer con esto hoy
Una prueba práctica para hoy: ¿hay algo bueno que usted hace y esconde por vergüenza de parecer que se luce? El verso trata ese esconder como el problema, no como humildad.
Y el contrapeso, que evita el exceso. Cuando deje ver algo bueno, fíjese adónde manda el crédito. Si la frase termina en usted, la segunda mitad del verso todavía no ocurrió.
Una oración para llevar
Señor, quítame el miedo a que me vean cuando lo que se ve es bueno. Y que quien mire atraviese lo que hago y llegue a ti. Amén.