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Mateo 5:12: por qué Jesús manda alegrarse en la persecución

Mateo 5:12

12Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.

Traducción: Reina-Valera

Una orden improbable —alegrarse— dada a quien está siendo perseguido, con dos motivos declarados: una recompensa grande en los cielos y la compañía de aquellos profetas que pasaron por lo mismo.

Respuesta rápida

Mateo 5:12 cierra las bienaventuranzas mandando a los perseguidos gozarse y alegrarse, y da dos motivos: la recompensa en los cielos es grande, y así trataron a los profetas anteriores. Los versículos previos precisan de qué persecución se habla: la que se sufre a causa de la justicia y a causa de Jesús.

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Es el final de una serie que empezó con bendiciones para los pobres, los que lloran y los mansos, y este último punto cambia de registro: deja de describir y pasa a mandar. Por eso mismo es el más difícil de todos.

Dónde aparece este versículo

Jesús está al comienzo del Sermón del Monte, ante una multitud. Después de ocho bendiciones en tercera persona, se dirige directamente a quienes lo escuchan. El versículo 10 habla de quienes sufren persecución por ser justos, el 11 añade el insulto y la calumnia por causa de él mismo, y el 12 dice qué hacer con eso.

Lo que dice

La orden es doble y enfática. No es resignarse ni soportar: es gozarse y alegrarse. Conviene reconocer lo imposible que suena, porque el texto no finge que la persecución sea leve; simplemente pone otra cosa en la balanza.

Los dos motivos son de naturaleza distinta. El primero es futuro y no se puede verificar ahora: la recompensa en los cielos. El segundo es histórico y sí se verifica: así trataron a los profetas. Ese segundo argumento relee la situación: lo que parecía señal de fracaso pasa a ser señal de pertenecer a una línea.

Hace falta decir con claridad lo que el versículo no afirma. No dice que todo sufrimiento traiga recompensa, ni que caer mal demuestre que uno tiene razón. Los dos versículos anteriores acotan el caso: la hostilidad sufrida a causa de la justicia y a causa de Jesús. La hostilidad ganada por grosería, terquedad o errores propios no es lo que aquí se bendice.

Qué hacer con esto hoy

Si estás pagando un precio real por haber hecho lo correcto —en el trabajo, en la familia, en una denuncia que nadie quería oír—, este versículo va dirigido a ti, y lo primero que hace es nombrar lo que está pasando.

Antes de aplicarlo, sin embargo, los versículos vecinos obligan a una pregunta honesta: ¿me tratan así por causa de la justicia o por causa de mi carácter? No todo roce es persecución, y confundir los dos casos convierte un consuelo verdadero en una excusa.

Una oración para llevar

Señor, dame valor para pagar el precio de hacer lo correcto, y honestidad para no llamar persecución a lo que es solo consecuencia de mis errores. Donde esté sufriendo por seguirte, sostenme y dame una alegría que no puedo fabricar solo. Amén.