Levítico 19:11: no hurtar, no engañar, no mentir
11No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis ninguno á su prójimo.
Tres prohibiciones cortas, puestas entre una ley de cosecha para los pobres y una ley sobre el pago del jornalero. La vecindad dice que el asunto es económico, no de etiqueta.
Respuesta rápida
Levítico 19:11 prohíbe hurtar, engañar y mentir al prójimo. Las tres aparecen juntas en una sola línea, dentro de un capítulo que trata de cosecha, salario, justicia en el tribunal y trato al extranjero: el contexto es económico y comunitario.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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Hurto, engaño y mentira aparecen uno al lado del otro, y no es casualidad: los tres describen formas de transferirse algo que era del otro. Uno se lleva bienes, otro se lleva la confianza, el tercero se lleva la realidad.
Dónde aparece este versículo
Levítico 19 es el capítulo más social de la Torá, y es también donde está la orden de amar al prójimo como a uno mismo. Abre exigiendo santidad y pasa enseguida a los padres, el sábado, los ídolos y los sacrificios.
Los dos versículos anteriores mandan dejar los bordes de la cosecha y las uvas caídas para el pobre y el extranjero. Los siguientes prohíben jurar en falso, oprimir al prójimo y retener hasta la mañana el jornal del trabajador.
Lo que dice
El orden interno de los tres verbos importa menos que el conjunto, pero vale notar que el texto empieza por lo más visible y termina en lo más difícil de probar. El hurto deja rastro; la mentira, muchas veces, no.
La vecindad es lo que da el tono. Estas tres prohibiciones no están entre leyes de culto, sino entre una norma de asistencia al pobre y una norma sobre pagarle a quien trabajó. Eso desplaza el asunto del terreno de la buena educación al del dinero y el poder.
Es honesto notar lo que el versículo no hace: no gradúa. No hay aquí distinción entre mentira grande y pequeña, ni excepción prevista. La Escritura discute casos difíciles en otros lugares —incluido Éxodo, donde unas parteras engañan a un rey y el texto las trata bien—, pero esta línea no abre excepciones, y forzarlas sería leer lo que no está.
Qué hacer con esto hoy
El uso práctico es el menos cómodo: aplicar las tres a lo que ya se volvió costumbre. La factura que no sale, la hora que no se trabajó, la versión de los hechos ajustada para salir bien de la conversación. El capítulo entero trata esas cosas como asunto comunitario: lo que uno hace a solas aparece en la cuenta de otro.
Una oración para llevar
Señor, hay cosas pequeñas que ya ni llamo por su nombre. Devuélveme la claridad para llamar hurto al hurto y mentira a la mentira, empezando por las mías. Amén.