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Isaías 43:2: cuando pases por las aguas, yo estaré contigo

Isaías 43:2

2Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Traducción: Reina-Valera

Fíjese en el verbo que se repite: pasar. El versículo no promete ningún desvío; promete compañía dentro de la travesía, que es una promesa mucho más estrecha y mucho más difícil.

Respuesta rápida

Isaías 43:2 promete presencia durante la travesía: al pasar por las aguas y por los ríos, no anegarán a quien pasa; al pasar por el fuego, no lo quemará. El texto no dice que las aguas y el fuego serán evitados. Dice que pasar por ellos no será mortal.

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Es uno de los versículos más enviados por mensaje en horas de crisis, y se entiende por qué. También es uno de los más fáciles de leer como lo que no es: una garantía de que la crisis no ocurrirá. El versículo asume lo contrario desde la primera palabra.

Dónde aparece este versículo

El pasaje pertenece a la sección de Isaías dirigida a un pueblo que ya está en el exilio, lejos de casa y sin templo. El versículo anterior le dice a ese pueblo que no tema, porque fue redimido y llamado por su nombre.

El versículo siguiente da el motivo, y es caro: naciones enteras aparecen como precio pagado en lugar de ese pueblo. La promesa no es abstracta: está anclada en una relación con historia y con costo.

Lo que dice

La estructura presenta escenarios que empiezan todos igual: cuando pasares. No dice si. El agua, los ríos y el fuego se dan por supuestos como parte del camino, y lo que cambia es el desenlace de la travesía, no su existencia.

Lo prometido también es específico. No ser anegado y no quemarse son promesas de supervivencia, no de comodidad. Quien cruza un río sin ahogarse sale mojado, agotado y del otro lado. Esa es la figura.

Conviene decir lo que el versículo no promete, porque esa diferencia ya hirió a mucha gente: no garantiza que nadie enferme, que ningún matrimonio termine, que ningún negocio quiebre. Fue dicho a un pueblo que ya había perdido su ciudad y su templo. La promesa nace después de la pérdida, no en su lugar.

Qué hacer con esto hoy

Para quien está en medio de algo que no va a pasar rápido, este versículo sirve justamente por ser modesto. No le pide fingir que el agua no es honda. Ofrece compañía dentro de ella y una orilla del otro lado, y para quien ya está mojado hasta el cuello esa es la única clase de promesa que todavía suena verdadera.

Una oración para llevar

Señor, ya estoy en medio del agua y no puedo volver. Quédate conmigo hasta el otro lado, aunque llegue empapado. Amén.

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