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Efesios 4:32: la medida del perdón no es el tamaño de la ofensa

Efesios 4:32

32Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

Traducción: Reina-Valera

La frase abre con un giro que solo tiene sentido después de leer la lista del versículo anterior. Y cierra con una comparación que no deja margen: el modelo del perdón es un perdón ya concedido, no una decisión tomada desde cero.

Respuesta rápida

Efesios 4:32 manda ser benigno, ser misericordioso y perdonar, y da un único criterio: el perdón ya recibido en Cristo. La medida no es el tamaño de la ofensa ni el arrepentimiento de quien la cometió. El versículo anterior nombra lo que debe salir primero — amargura, ira, gritería.

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Es uno de los versículos más memorizados de la Biblia, y uno de los que más se leen como consejo de amabilidad. La segunda mitad es lo que impide esa lectura: convierte tres buenos modales en una consecuencia.

Dónde aparece este versículo

Pablo está cerrando una sección sobre cómo vive una comunidad cristiana, con una lista de conductas que hay que abandonar: amargura, ira, gritería, difamación. El versículo es la contrapartida inmediata de esa lista.

La carta se dirige a una iglesia formada por personas de orígenes distintos, judíos y no judíos, lo que da peso concreto a las instrucciones sobre convivencia. No es ética abstracta: era gente que tenía que convivir sin historia común.

Lo que dice

Las tres órdenes son de tipos distintos. Ser benigno describe un modo de tratar; ser misericordioso describe lo que se siente ante la debilidad ajena; perdonar es un acto. El texto no las pide en ese orden de sentimiento: las pide las tres.

El criterio es lo que le da peso al versículo. Pablo no manda perdonar porque la ofensa fuera pequeña, ni porque el otro lo merezca, ni porque haya pasado el tiempo. Manda perdonar tomando como medida un perdón ya recibido. Eso desplaza la cuenta entera: la pregunta deja de ser cuánto debe el otro y pasa a ser cuánto ya fue cancelado.

Conviene decir lo que el versículo no hace. No manda olvidar, no manda seguir expuesto a quien hiere, y no dice que perdonar sea sentirse bien con lo ocurrido. Perdón y reconciliación son cosas distintas en la Escritura, y este versículo trata del primero.

Qué hacer con esto hoy

La aplicación suele atascarse en el mismo punto: perdonar parece exigir que la ofensa se considere menor de lo que fue. El versículo no pide eso. Pide que la cuenta se haga con otra referencia — y es posible reconocer el tamaño entero de un daño y aun así soltar la deuda.

También conviene notar el orden del pasaje. Antes de mandar perdonar, el texto manda quitar la amargura. Quien intenta perdonar sin tocar lo que tiene guardado suele repetir la decisión todos los meses, y eso es lo que hace parecer imposible el perdón.

Qué dicen los pasajes

Colosenses 3:13

13Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Traducción: Reina-Valera

La misma instrucción en otra carta, con el mismo criterio y una diferencia útil: allí aparece el verbo sufrir, el trabajo continuo que viene antes del acto puntual de perdonar.

Mateo 6:14

14Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial.

Traducción: Reina-Valera

Jesús ata los dos perdones en una sola frase, y es la forma más dura del argumento. Efesios da el motivo; Mateo 6 muestra la consecuencia.

Una oración para llevar

Señor, quita de mí la amargura que vengo guardando con cuidado. Dame valor para soltar una deuda que todavía sé calcular de memoria, recordando cuánto ya me fue cancelado. Amén.

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