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Efesios 4:29 — el criterio para todo lo que decimos

Efesios 4:29

29Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes.

Traducción: Reina-Valera

La prohibición es corta; el criterio positivo es largo, y es el que carga el peso. La palabra se mide aquí por lo que edifica y por lo que entrega a quien la escucha.

Respuesta rápida

Efesios 4:29 no se resuelve evitando palabrotas. El criterio que da el versículo es el efecto sobre quien escucha: la palabra buena es la que edifica y la que da gracia a los oyentes. Es una prueba más exigente que una lista de palabras prohibidas.

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El capítulo 4 describe la vida nueva como un cambio de ropa: quitarse lo viejo, vestirse de lo nuevo. Las instrucciones de alrededor tratan de la mentira, del enojo que se queda a dormir, del hurto y del trabajo.

Este versículo está entre ellas, y va seguido casi de inmediato por la advertencia de no contristar al Espíritu, lo que le da al asunto más peso que el de la etiqueta.

No basta con no decir lo que es torpe. El texto espera que lo que se diga sirva a alguien, y ese añadido es lo que vuelve el versículo más exigente que una lista de palabras prohibidas.

El criterio queda fuera de quien habla: la palabra buena es la que edifica y la que da gracia a los oyentes. La pregunta deja de ser qué necesito desahogar y pasa a ser qué puede llevarse quien está enfrente. Eso cambia incluso el momento: la misma frase verdadera puede construir hoy y derribar mañana.

La prueba práctica es breve. Antes de enviarlo: ¿esto construye a alguien, o solo me alivia? Vale para la crítica guardada toda la semana, para la respuesta en el grupo, para la corrección al hijo. El versículo no pide silencio; pide que la palabra tenga destinatario y propósito.

Dónde aparece este versículo

El capítulo 4 describe la vida nueva como un cambio de ropa: quitarse lo viejo, vestirse de lo nuevo. Las instrucciones de alrededor tratan de la mentira, del enojo que se queda a dormir, del hurto y del trabajo.

Este versículo está entre ellas, y va seguido casi de inmediato por la advertencia de no contristar al Espíritu, lo que le da al asunto más peso que el de la etiqueta.

Lo que dice

No basta con no decir lo que es torpe. El texto espera que lo que se diga sirva a alguien, y ese añadido es lo que vuelve el versículo más exigente que una lista de palabras prohibidas.

El criterio queda fuera de quien habla: la palabra buena es la que edifica y la que da gracia a los oyentes. La pregunta deja de ser qué necesito desahogar y pasa a ser qué puede llevarse quien está enfrente. Eso cambia incluso el momento: la misma frase verdadera puede construir hoy y derribar mañana.

Qué hacer con esto hoy

La prueba práctica es breve. Antes de enviarlo: ¿esto construye a alguien, o solo me alivia? Vale para la crítica guardada toda la semana, para la respuesta en el grupo, para la corrección al hijo. El versículo no pide silencio; pide que la palabra tenga destinatario y propósito.

Una oración para llevar

Señor, cuida lo que sale de mí. Que mis palabras construyan a quien me oye, y que aprenda a retener las que solo servirían para aliviarme. Amén.