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Eclesiastés 7:8 — mejor el fin que el principio

Eclesiastés 7:8

8Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.

Traducción: Reina-Valera

Dos comparaciones lado a lado, y la segunda explica la primera: quien no soporta esperar el final tiene que concluir pronto, y concluir pronto con poca información es lo que hace la altivez.

Respuesta rápida

Eclesiastés 7:8 pone dos comparaciones lado a lado: el fin del asunto vale más que su principio, y el sufrido de espíritu vale más que el altivo. Las dos mitades se explican entre sí — quien juzga al principio es justamente el altivo, porque cree saber ya cómo termina aquello.

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El capítulo 7 es una serie de proverbios comparativos que invierten el sentido común, casi todos con la misma forma.

Este llega poco después de la comparación entre la casa del luto y la del convite, y pertenece al mismo movimiento: un maestro examinando la vida para ver qué queda cuando termina.

La primera mitad contradice la intuición, porque los comienzos se celebran y los finales se temen. El argumento es sobre información: al principio solo hay expectativa; al final hay resultado. Es la diferencia entre lo que se imagina y lo que se sabe.

La segunda mitad no es un proverbio suelto pegado ahí. La paciencia, en este par, no es temperamento tranquilo: es la disposición a esperar el desenlace antes de dictar sentencia. Y su opuesto, en el versículo, no es la prisa: es la altivez.

Sirve para las horas en que ya te formaste una opinión con media historia: el mensaje leído a medias, el comportamiento raro de alguien que apenas conoces, el proyecto que empezó torcido. El versículo no pide que no juzgues nunca; pide que esperes el final, que es la única parte capaz de traer información nueva.

Dónde aparece este versículo

El capítulo 7 es una serie de proverbios comparativos que invierten el sentido común, casi todos con la misma forma.

Este llega poco después de la comparación entre la casa del luto y la del convite, y pertenece al mismo movimiento: un maestro examinando la vida para ver qué queda cuando termina.

Lo que dice

La primera mitad contradice la intuición, porque los comienzos se celebran y los finales se temen. El argumento es sobre información: al principio solo hay expectativa; al final hay resultado. Es la diferencia entre lo que se imagina y lo que se sabe.

La segunda mitad no es un proverbio suelto pegado ahí. La paciencia, en este par, no es temperamento tranquilo: es la disposición a esperar el desenlace antes de dictar sentencia. Y su opuesto, en el versículo, no es la prisa: es la altivez.

Qué hacer con esto hoy

Sirve para las horas en que ya te formaste una opinión con media historia: el mensaje leído a medias, el comportamiento raro de alguien que apenas conoces, el proyecto que empezó torcido. El versículo no pide que no juzgues nunca; pide que esperes el final, que es la única parte capaz de traer información nueva.

Una oración para llevar

Señor, dame paciencia para esperar el final de las cosas antes de decidir qué fueron. Guárdame de concluir demasiado pronto sobre gente que apenas conozco. Amén.