Saltar al contenido

Colosenses 3:8 — la lista de lo que se quita, y dónde termina

Colosenses 3:8

8Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.

Traducción: Reina-Valera

El orden de los elementos cuenta una historia: la lista empieza en lo que se siente y termina en lo que se dice. Es una secuencia reconocible, y el texto la interrumpe justo en la salida.

Respuesta rápida

Colosenses 3:8 enumera lo que debe dejarse de lado en la vida nueva, y la lista tiene dirección: empieza en lo que se siente y termina en lo que se dice. No es una orden de no sentir enojo; es una orden de no dejarlo salir entero por la boca.

Publicado el
Tiempo de lectura
2 min de lectura

El capítulo 3 organiza la vida cristiana con dos imágenes de ropa: quitarse lo viejo, vestirse de lo nuevo.

Este versículo abre la parte de quitarse. Unos versículos más adelante viene la lista de lo que se viste —compasión, bondad, humildad, paciencia— y las dos listas se leen juntas.

Los primeros elementos nombran estados interiores; los últimos, lo que sale por la boca. Lo que hierve dentro termina encontrando salida, y la salida más común es la palabra: el versículo sigue ese recorrido en lugar de fingir que no existe.

El verbo es el de quitarse una prenda, lo que sugiere gesto y no sentimiento. A nadie se le pide dejar de sentir enojo por decreto: se le pide no vestirlo. Y que la lista termine en la boca indica dónde cree el texto que la cosa se decide en la práctica.

La aplicación vive en el intervalo entre sentir y responder. No mandar el mensaje ahora, no devolver el mismo tono, salir de la sala antes de decir la frase que no vuelve atrás. Nada de eso resuelve el enojo, y el versículo tampoco promete que lo resuelva: solo impide que se lleve a alguien más por delante.

Dónde aparece este versículo

El capítulo 3 organiza la vida cristiana con dos imágenes de ropa: quitarse lo viejo, vestirse de lo nuevo.

Este versículo abre la parte de quitarse. Unos versículos más adelante viene la lista de lo que se viste —compasión, bondad, humildad, paciencia— y las dos listas se leen juntas.

Lo que dice

Los primeros elementos nombran estados interiores; los últimos, lo que sale por la boca. Lo que hierve dentro termina encontrando salida, y la salida más común es la palabra: el versículo sigue ese recorrido en lugar de fingir que no existe.

El verbo es el de quitarse una prenda, lo que sugiere gesto y no sentimiento. A nadie se le pide dejar de sentir enojo por decreto: se le pide no vestirlo. Y que la lista termine en la boca indica dónde cree el texto que la cosa se decide en la práctica.

Qué hacer con esto hoy

La aplicación vive en el intervalo entre sentir y responder. No mandar el mensaje ahora, no devolver el mismo tono, salir de la sala antes de decir la frase que no vuelve atrás. Nada de eso resuelve el enojo, y el versículo tampoco promete que lo resuelva: solo impide que se lleve a alguien más por delante.

Una oración para llevar

Señor, estoy enojado y no voy a fingir lo contrario. No dejes que salga de mí como destrozo, y dame tiempo antes de responder. Amén.