Cantares 8:4: no apresurar el amor, dicho por tercera vez
4Conjúroos, oh doncellas de Jerusalem, que no despertéis, ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.
El versículo de esta página.
Respuesta rápida
Cantar de los Cantares 8:4 es la tercera aparición de un estribillo que conjura a las doncellas de Jerusalén a no despertar al amor ni sacudirlo antes de que él quiera. La repetición es el argumento: en un libro sobre deseo intenso, el mismo pedido de no apurar vuelve tres veces.
- Escrito por
- Maria Luisa Navarro Schmitt
- Revisado por
- Raphael Navarro Schmitt
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Es uno de los pocos versículos del Cantar que funcionan aislados, y por eso circula en consejos sobre noviazgo. Ese uso no es abusivo, pero pierde lo que logra la repetición.
El estribillo aparece temprano en el libro, vuelve en la mitad y regresa aquí, cerca del final. Quien habla no es una autoridad externa imponiendo cautela: es alguien que está dentro de la historia de amor y que interrumpe el relato para pedirlo.
Dónde aparece este versículo
El Cantar es una colección de poemas de amor entre dos amantes, con un coro de mujeres de Jerusalén que escucha, comenta y a veces pregunta. Es el libro más físico de la Biblia y el que menos menciona a Dios.
El versículo de hoy sigue a una escena de cercanía y precede a la pregunta del coro sobre quién sube del desierto recostada en su amado. El estribillo funciona como respiración entre dos momentos intensos.
Lo que dice
La frase es un juramento pedido, no una prohibición. A nadie se le impide amar: lo que se pide es tiempo. Los verbos son de despertar y hacer velar, lo que trata al amor como algo que duerme y que no conviene sacudir.
La cláusula final es la más importante y la más discreta: hasta que quiera. En esta edición el sujeto de esa voluntad queda sin nombrar, lo que la mayoría de los lectores entiende como el amor mismo. No hay plazo, ni señal, ni método: el criterio es interno a lo que se espera.
Sobre cómo leer el libro entero hay dos tradiciones antiguas: como poesía de amor humano y como alegoría de la relación entre Dios y su pueblo. Judíos y cristianos lo han leído de ambos modos durante siglos, y esta página no elige. El estribillo funciona bajo las dos lecturas, y en parte por eso ha durado tanto.
Qué hacer con esto hoy
Si estás al comienzo de una relación, este es uno de los pocos textos bíblicos que hablan de ritmo en lugar de regla. La pregunta que plantea no es qué está permitido, sino si es la hora.
Y sirve más allá del romance. Mucho de lo bueno se arruina por prisa: una decisión de carrera, una reconciliación forzada, un regreso antes de tiempo. El criterio del estribillo sigue valiendo: esperar a que la cosa misma quiera, y no a que se te acabe la paciencia.
Qué dicen los pasajes
7Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.
La primera aparición del mismo estribillo, aún al comienzo, con un juramento por las gamas y las ciervas del campo. Compararlas muestra que la repetición es intencional.
6Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: porque fuerte es como la muerte el amor; duro como el sepulcro el celo: sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.
Dos versículos después llega la afirmación más famosa del libro, sobre el amor fuerte como la muerte. Explica por qué el estribillo insiste tanto: lo que está en juego no es pequeño.
Una oración para llevar
Señor, tengo prisa, y casi nunca me ha servido bien. Enséñame a esperar sin castigarme por esperar. Y guarda lo que todavía duerme en mí, hasta la hora justa. Amén.