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2 Samuel 22:47 — la alabanza que no pide nada

2 Samuel 22:47

47Viva Jehová, y sea bendita mi roca; sea ensalzado el Dios, la roca de mi salvamento:

Traducción: Reina-Valera

Tres aclamaciones seguidas, y ninguna pide nada. La del medio bendice a la roca; la tercera explica de quién se estaba hablando.

Respuesta rápida

2 Samuel 22:47 está cerca del final del cántico que David canta después de ser librado de todos sus enemigos. Son tres aclamaciones seguidas —que Jehová viva, que su roca sea bendita, que el Dios de su salvación sea ensalzado— y ninguna pide nada.

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El capítulo 22 es la única poesía extensa de 2 Samuel, un libro que por lo demás es casi todo narración. El mismo cántico reaparece, casi palabra por palabra, en el libro de los Salmos, lo que da una idea de cuánto se cantó.

Después de cuarenta y tantos versículos de peligros y rescates, el poema llega a esta línea y deja de contar. Aquí solo aclama.

Dónde aparece este versículo

La apertura del capítulo ubica el cántico: David se lo dirige a Dios el día en que fue librado de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl. Es canto de después, no de durante.

La imagen de la roca no nace aquí. Abre el poema, en los versículos 2 y 3, junto con fortaleza, escudo y refugio. Cuando vuelve en el 47, el lector ya sabe qué significa dentro de este texto.

Enseguida vienen los versículos finales, donde David promete cantar entre las gentes y el poema termina hablando del rey y de su descendencia. El 47 es la cumbre antes del cierre.

Lo que dice

Los tres verbos están en subjuntivo, no en indicativo. Nadie está informando que Dios vive: se está aclamando que viva. Es la diferencia entre una constatación y un brindis, y el poema elige el brindis.

La aclamación del medio bendice a la roca, y recién la tercera explica de quién se hablaba. La metáfora aparece primero y el referente después, que es el orden en que se aprenden las imágenes: primero se siente lo firme, después se le pone nombre.

Llama la atención qué se bendice. No se bendice el socorro recibido ni la victoria: se bendice la roca, es decir, aquello que no se movió. El objeto de la alabanza es la estabilidad, no el resultado.

Y está la ausencia que define el versículo. No hay ningún pedido, ni siquiera el pedido cortés de que la protección continúe. Una alabanza que no engancha un pedido al final es rara, y es lo que le permite a esta frase sostenerse sola.

Qué hacer con esto hoy

Vale como ejercicio de fin de día: decir una frase sobre Dios que no termine en pedido. Es más difícil de lo que parece, y la dificultad ya dice algo sobre cómo solemos orar.

Si estás en el día siguiente de algo que pasó —la cirugía salió bien, la cuenta se pagó, la crisis cedió—, este versículo tiene el tamaño exacto del momento. El cántico entero es alguien mirando hacia atrás.

Una oración para llevar

Señor, hoy no voy a pedirte nada. Solo quiero decir que eres lo que no se movió cuando todo alrededor se movía, y que eso alcanza para hoy. Amén.

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