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2 Corintios 6:18 — la promesa hecha a un rey, abierta a una comunidad

2 Corintios 6:18

18Y seré á vosotros Padre, y vosotros me seréis á mí hijos é hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Traducción: Reina-Valera

La última línea de un collage de citas del Antiguo Testamento. Pablo cierra el llamado con una promesa de parentesco y la firma con el título divino más imponente que tenía a mano.

Respuesta rápida

En 2 Corintios 6:18 Pablo cierra un llamado armado con citas del Antiguo Testamento. La promesa que Dios hizo a la dinastía de David aparece redirigida a la comunidad de Corinto y ampliada a hijos e hijas. Lo prometido es un vínculo familiar con Dios, no prosperidad ni protección frente a la dificultad.

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El tramo que va de 6:14 a 6:18 está armado casi por entero con citas del Antiguo Testamento, cosidas para pedir a la comunidad de Corinto que se aparte del culto de la ciudad.

Esta es la última costura, y el material viene de la promesa hecha a David en 2 Samuel 7:14, donde Dios dice que será padre del hijo del rey. Corinto era una ciudad portuaria, y buena parte de la comunidad eran artesanos, comerciantes y esclavos.

La promesa original era dinástica y tenía un solo destinatario: el heredero del trono. Aquí aparece redirigida a un grupo común, y con una ampliación que el texto de Samuel no traía, porque nombra también a las hijas.

Lo que se promete es parentesco, y nada más que eso en la frase. No hay garantía de bienes, de salud ni de victoria sobre los adversarios. Quien llega al versículo buscando seguridad de circunstancias se va con las manos vacías; quien llega buscando pertenencia encuentra exactamente eso.

La frase suele pesar más en quien creció sin padre cerca, o en quien carga la sensación de sobrar en toda mesa. No borra esa historia. Lo que ofrece es un lugar declarado, con apellido, que no se conquistó por desempeño — y que, por lo mismo, tampoco se pierde por él.

Dónde aparece este versículo

El tramo que va de 6:14 a 6:18 está armado casi por entero con citas del Antiguo Testamento, cosidas para pedir a la comunidad de Corinto que se aparte del culto de la ciudad.

Esta es la última costura, y el material viene de la promesa hecha a David en 2 Samuel 7:14, donde Dios dice que será padre del hijo del rey. Corinto era una ciudad portuaria, y buena parte de la comunidad eran artesanos, comerciantes y esclavos.

Lo que dice

La promesa original era dinástica y tenía un solo destinatario: el heredero del trono. Aquí aparece redirigida a un grupo común, y con una ampliación que el texto de Samuel no traía, porque nombra también a las hijas.

Lo que se promete es parentesco, y nada más que eso en la frase. No hay garantía de bienes, de salud ni de victoria sobre los adversarios. Quien llega al versículo buscando seguridad de circunstancias se va con las manos vacías; quien llega buscando pertenencia encuentra exactamente eso.

Qué hacer con esto hoy

La frase suele pesar más en quien creció sin padre cerca, o en quien carga la sensación de sobrar en toda mesa. No borra esa historia. Lo que ofrece es un lugar declarado, con apellido, que no se conquistó por desempeño — y que, por lo mismo, tampoco se pierde por él.

Una oración para llevar

Padre, así te llama tu palabra, y así quiero aprender a llamarte yo. Enséñame a vivir como quien tiene lugar, y no como quien está de paso. Amén.