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1 Reyes 8:23 — lo que dice Salomón antes de pedir nada

1 Reyes 8:23

23Dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia á tus siervos, los que andan delante de ti de todo su corazón;

Traducción: Reina-Valera

La oración más larga del libro no abre pidiendo. Abre definiendo, y la relativa que sigue le habla a Dios de tú, sin soltarlo un momento.

Respuesta rápida

1 Reyes 8:23 es la primera frase de la oración con que Salomón dedica el templo. Antes de cualquier pedido declara que no hay Dios como aquel, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, y define esa singularidad por lo que él guarda: el pacto y la misericordia.

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Todo estaba listo para un discurso sobre la obra. El templo había llevado siete años, el arca acababa de ser puesta en su lugar, y la asamblea entera estaba ahí para verlo.

Salomón se vuelve hacia el altar, extiende las manos y empieza a hablar, y lo primero que dice no es sobre el edificio ni sobre sí mismo. Es una definición de quién es Dios.

Dónde aparece este versículo

Los versículos anteriores cierran la parte práctica: el arca instalada, el pacto guardado dentro, el recuerdo de la salida de Egipto. Recién entonces, en el 22, el rey se coloca delante del altar en presencia de todos.

La oración que empieza aquí es la más larga del libro y llega hasta el versículo 53. Pedirá por la sequía, por el hambre, por la plaga, por el extranjero que venga de lejos y por el pueblo llevado lejos, y nada de eso se mencionó todavía cuando el 23 termina.

Pocos versículos después, en el 27, Salomón hace la pregunta que desarma su propia fiesta: si ni los cielos de los cielos pueden contener a Dios, qué decir de la casa que él acaba de levantar.

Lo que dice

La comparación barre en dos direcciones a la vez. Arriba en los cielos y abajo en la tierra es la manera antigua de decir en cualquier sitio donde alguien haya buscado un dios, y no queda territorio fuera de ese barrido.

Lo que define la singularidad, sin embargo, no es el tamaño. Después de decir que no hay otro igual, la frase explica por qué, y el motivo elegido es la fidelidad: es por guardar el pacto y la misericordia que resulta incomparable, no por ser mayor.

La relativa que sigue mantiene el tuteo. La Reina-Valera no dice el que guarda sino que guardas, de modo que la explicación no se aparta un momento del diálogo. Se sigue hablando con Dios, no acerca de él.

La condición del final es más suave de lo que parece. No se habla de quien obedece todo ni de quien llegó a alguna parte: se habla de quien anda delante de él de todo corazón. El verbo es de recorrido, no de resultado, y cabe alguien a mitad de camino.

Qué hacer con esto hoy

Sirve de modelo para empezar a orar cuando la lista de pedidos está larga. Di primero una frase sobre quién es Dios, y recién después abre la lista: así organizó Salomón la oración más larga del libro.

La condición del versículo también es un alivio práctico. Si has pasado más tiempo intentando que logrando, nota que el texto describe la caminata y no el punto de llegada.

Una oración para llevar

Señor, antes de lo que vine a pedir: no hay otro como tú, y lo que te hace único es que cumples. Encuéntrame andando, aunque todavía no haya llegado. Amén.

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